Hace unos días me llegó la noticia de que se estaban construyendo unos nuevos bloques de viviendas en una parcela en la perfiferia del barrio de Varea. Hace apenas tres años, yo mismo estuve paseando por las vallas de ese mismo solar, apreciando los detalles de unas antiguas estructuras tardoromanas que habían aflorado en la misma hacía años. Los restos, perfectamente estudiados y publicados, correspondían con unas viviendas edificadas en los últimos momentos de la presencia romana en la ciudad. En sí, los restos materiales no tenían más valor que ser un testimonio de cómo aquella ciudad se rehizo, con un nuevo trazado urbano, tras las diferentes oleadas de pueblos bárbaros que asolaron el territorio a comienzos del siglo V en el territorio que hoy llamamos Logroño.
En el informe, según publica la prensa, se dictaminó que no había motivos para conservar aquellas estructuras, dado que según ellos, la parte más significativa del yacimiento se había destruido para erigir una factoría, sin ningún seguimiento.
Cada vez que se borra una parte de la Historia, se pierde una parte de nosotros, y hemos de recordar en estos casos, las palabras de un historiador que dijo "El Patrimonio no es nuestro, solo se lo tomamos prestado a nuestros hijos"
He visitado lugares, donde los yacimientos arqueológicos han quedado integrados en las nuevas construcciones, recordando que allí, hace más de 2000 años, ya exisitía una importante ciudad, que en este caso, fue también el último puerto navegable del río Ebro y del que tampoco hemos conservado ruina alguna.
En estos momentos, de aquellas piedras no queda práctcamente nada. Esta pérdida, que por desgracia no es la primera de la que se tiene noticia en el lugar, supone la eliminación física de una parte de la Historia, de nuestra Historia, privando a generaciones futuras de poder presenciarlos in situ, valorarlos y compartirlos...
Adjunto unas fotografías de mi autoría de los restos en el año 2017 y una vista de la parcela actualmente






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