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sábado, 7 de junio de 2025

Edificio de Correos de Logroño

 Logroño ha quedado ligado a las innovaciones postales, pues Cosme García, un logroñés fue quien inventó el primer matasellos de la historia. Pese a este importante avance, Logroño tendrá que esperar hasta 1919 para tener un proyecto para la construcción de uno de los nuevos edificios postales que ya se estaban construyendo en toda España. El lugar elegido fue el solar que había dejado el Convento de las madres Agustinas Ermitañas, en el Callejón de San Agustín y junto al Palacio del General Espartero y la Fábrica de Tabacos. Por ello, el edificio a construir debía ser un edificio acorde a sus vecinos. El Proyecto elegido fue el que los arquitectos Cayo Redón y Rafael Valdés plantearon. Su proyecto era un edificio neobarroco, con dos torreones y diferentes ornamentos. Dicho proyecto se empezó a construir el día 17 de mayo de 1927. La obra se prolongó hasta la IIª República, bajo la dirección de Agapito del Valle y construido por Víctor Etayo. El edificio se inauguró el día 23 de mayo de 1932. El acto fue solemne, con las autoridades locales y estatales, que realizaron una visita al nuevo edificio y una comida después.

Dibujo de la antigua Oficina de Correos de Logroño, ubicada en el actual número 1 del Muro de Cervantes.
Edificio de Correos de Logroño en los año 1940. Postal

Una de las primeras marcas que se conocen ya en este edificio es el rodillo que promociona los productos riojanos con un llamativo texto: “¿No probó los productos riojanos,? ¡¡¡Lástima!!!”. Además de este rodillo, se siguieron usando los matasellos fechadores con forma circular, en los que en la parte superior se lee “Logroño” y abajo, el código postal, entonces, el 28.

Además, el edificio contó en estos años con un matasellos fechador de certificados en el que podemos leer la palabra “Certificado”, en la parte alta, la fecha en medio y abajo la palabra “Logroño”. Al igual que otras comunidades, Logroño debió de contar con un matasellos de  Valores Declarados, aunque no se conserva ninguna carta con dicha estampación. Durante la Guerra Civil, en el Edificio Postal hubo matasellos con marcas de censura militar del gobierno sublevado. Estas marcas eran alargadas, conteniendo en su interior las palabras “Censura Militar” y “Logroño” y algún lema en referencia al bando nacional. Al finalizar la guerra, algunos matasellos siguieron siendo usados y poco a poco, con el uso se fueron deteriorando. Los cambios fueron mínimos y muy concretos en algunas marcas.

 El edificio en los año 30. Postal

Con la llegada de la Democracia, el edificio de Correos cambió las marcas. La aparición de una nueva sucursal en el Pabellón Postal de la estación de tren, hizo de la oficina de San Agustín la Oficina Principal y esto se plasmó en los matasellos. El sello de fechas lo reflejó, con esta denominación en la parte alta. Otro importante cambio fue el código postal, que pasó del 28 al 26. El Certificado también añadió la denominación de “Oficina Principal”. Pero el Edificio Postal también amplió su actividad y llegó a contar con “Servicio Filatélico”, que tuvo un matasellos propio. Este nuevo matasellos tenía forma circular, con el anagrama de Correos en el centro y una fecha, rodeado de las palabras “Servicio Filatélico Logroño” En los últimos años, Correos cambió los matasellos con la denominación “Correos y Telégrafos”, con el nombre de Logroño y el código 26, siendo este usado hasta la actualidad.

Correos, en el año 2002, emitió una ATM con la imagen exterior de este edificio. Tuvo una larga tirada y se mantuvieron en circulación durante muchos años.

En el exterior, la Casa de Correos no tuvo grandes cambios durante todos los años que acogió el servicio postal. Su interior si sufrió algún cambió más, aunque algunos de los elementos más significativos se mantuvieron. Un ejemplo de ello son los azulejos de la escalera, obra de Cerámicas Riojanas, que representaban un castillo y un león sobre un fondo azul. Obra de esta misma empresa fue un azulejo de una Diligencia Postal, que estuvo colocado en la oficina postal y muy admirado en la época y del que no se conservan más datos.

 Interior del edificio de Correos. Años 1930. Museo Postal y telegráfico de Correos


Como lugares y elementos de este edificio, destaca: La oficina, el lugar más frecuentado por los ciudadanos, era el lugar donde se enviaban y recibían los Correos y Telégrafos que daban nombre a la compañía. Con el paso del tiempo, solo se realizaban Correos y los telégrafos se gestionaban desde el primer piso. Este edificio se convirtió en la oficina de Correos más céntrica de la ciudad y a donde acudían la mayoría de los ciudadanos a realizar sus gestiones postales. En la fachada de la Calle Portales, antaño (General Mola, Calle de la República y Calle del Mercado), se situaba una de las figuras más emblemáticas de la Ciudad, el león-buzón Rodolfo, un rostro de un león con gesto simpático y con la boca abierta, dispuesto a “comerse”, todas las cartas que los usuarios depositaban en él. Su nombre le fue dado por los niños en relación a la artista de televisión Maricarmen y sus muñecos y su mascota, Rodolfo. El edificio postal continúo cumpliendo su función hasta principios del siglo XXI con algunas reformas.

  Varias personas posan en el patio de operaciones del edificio. Museo Postal y telegráfico de Correos

Fue en el año 2003 cuando unas catas de cimentación, advirtieron que el edificio se encontraba en un grave riesgo y se procedió a restaurarlo. Dicha remodelación dio al traste con los azulejos de la escalera, que fueron arrancados y destruidos. Unos pocos fueron entregados al Museo de La Rioja, que los guarda en sus archivos.

La oficina postal se trasladó temporalmente al número 40 de la Calle Pérez Galdós. Dicho traslado se estimó que duraría un año, aunque con el tiempo fue definitiva. En la actualidad, esta oficina se ha vuelto a trasladar a la calle 11 de junio. Mientras tanto, el antiguo edificio postal de la Plaza de San Agustín, tras muchos trámites y adversidades, fue vendido para que se transformase en un hotel de lujo, que se ha empezado a construir en el año 2019. La reforma ha acabado aún más con el edificio. Las torres han sido derribadas sin contemplaciones, junto con sus ornamentos y adornos. La terraza y la buhardilla han corrido el mismo destino, al igual que todos los espacios interiores se han perdido víctimas del “progreso”. El proyecto del Hotel apenas conserva elementos históricos aparte del león Rodolfo. Los azulejos, la escalinata, los muebles, las mesas, el reloj... han sido borrados físicamente, pero no sentimentalmente, pues muchas personas siguen manteniendo en su memoria los elementos que hacían de aquella oficina algo único. El edificio de Correos. Biblioteca de La Rioja

Las únicas fotografías conocidas de este edificio, conservadas en el Mueso Postal y Telegráfico de Correos fueron publicadas por primera vez en el número 4 de la Revista Humanístico-Literaria Lararium.

En la actualidad, el edificio se ha reconvertido en un hotel.

(Texto de este autor publicado en 2019 en la revista Sellos y Más)

viernes, 18 de abril de 2025

Guardián del Seminario

 

La Casa del Guarda hace algunos años. BCE

La conocida como Casa del Guarda, ubicada en la actual avenida de la paz y derribada en el año 2009, la Casa del Guarda era una de las construcciones más antiguas del recinto del Seminario Conciliar.

El proyecto de traslado del Seminario Conciliar de Logroño del Espolón a las fincas de Lobete y Valderna dio como resultado una de las mejores muestras de arquitectura del siglo XX Logroñés. Dentro de este proyecto, nos encontramos con la reforma de la Casa del Guarda, una edificación de planta cuadrangular, ubicada en el muro norte de la tapia de Seminario, que ya existía anteriormente. Según Felipe Abad León, esta construcción, realizada en adobe y revestida posteriormente, adaptándose al estilo constructivo de los nuevos edificios.

Se trataba de una construcción sencilla, de planta cuadrangular, con tres pisos de altura, que, en un estilo ecléctico, combinaba ladrillo, piedra y otros materiales. Su decoración más señalable eran los cuatro pináculos, que remataban sus esquinas. El contratista encargado de la renovación de su imagen fue Ángel Macazaga, el mismo que realizó la obra del Seminario. En 1930, llega el primer guarda, Juan Azcona y otros empleados eclesiásticos.

Esta casa, se encontraba rodeada por los jardines del Seminario, creando un bonito paisaje de acceso al recinto.

La construcción cumplió con su misión durante muchas décadas, hasta que, la ciudad en expansión, llegó al entorno del Seminario. La construcción de Avenida de la paz, hizo que la Casa del Guarda se convirtiese en un obstáculo para la nueva avenida, por lo que, en el año 2003, se decide derribarla para ampliar la acera. Sin embargo, el proyecto se rehace, planteando diferentes alternativas para salvarla, sin embargo, finalmente, el 6 de agosto de 2009, la Casa del Guarda es derribada, retranqueando la tapia del Seminario y ensanchando la acera.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Historia perdida en Herrerías, 20

 

Sepultada por el paso del tiempo, olvidada en las crónicas históricas y víctima de la piqueta hace más de cien años, la casa que ocupó el actual número 20 de la calle Herrerías reclama su lugar en el pasado de la ciudad al identificarla en el día de hoy en una fotografía que nos permite ilustrar y conocer un poco más su llamativa arquitectura.

Los orígenes de esta casa se remontan al siglo XV, cuando se construye la parte inferior, realizada en piedra de sillería en la que destaca su portada, de estilo gótico, con una rica ornamentación en forma de líneas curvas formando un arco lobulado, con unas decoraciones humanas en sus lados y un escudo en la clave. En el muro se colocó una ventana, de la que tampoco se descuidó la decoración. Contó con otros dos pisos de altura realizados en ladrillo, que posteriormente se habían enlucido.  En su interior, contó con un patio. Poco sabemos de sus primeros habitantes y de sus primeros pasos en la historia de la ciudad.

En el vecindario de 1772, primero de la ciudad, menciona esta casa, a la que le asigna el número 238, que queda reflejado en el azulejo con un número azul que se ubicaba en lo alto de su portada. La documentación la señala como propiedad del Convento de Madre de Dios. Añade que en ella vive Lorenzo Santos, de profesión panadero. Es posible que este convento se hiciese con la casa a través de alguna donación o herencia.

Tras la desamortización, la casa pasó a manos particulares. En los nuevos padrones, la casa recibe el número 34, numeración que mantendrá hasta su derribo. En 1900, Luis Barrón levanta un plano de esta casa, siendo propietario Julián Tuesta. En 1903, este mismo arquitecto levanta un plano de reforma integral de la fachada y colocación de un piso más y una buhardilla. De esta nueva vivienda conservamos documentación en el Expediente HA8681, del Archivo Histórico Provincial de La Rioja.  Esta documentación comienza en 1909, cuando se registra de nuevo como propietario de la casa a Julián Tuesta, que la había adquirido a Amós Castroviejo. Todos los pisos de la casa se encontraban alquilados. Además, en este documento, nos menciona que hay un horno en el primer piso. En 1914, la situación permanece similar, habiendo cambiado los inquilinos de los pisos, añadiéndose además que la casa se reedifica.

En el año 1903, Aurelio de Colmenares y Orgaz, Conde de Polentinos, fotógrafo que construyó un considerable archivo en las primeras décadas del siglo XX. Una de estas imágenes es la que de momento es la única fotografía conocida de la casa Herrerías 20 (Por entonces 34), durante la visita del rey Alfonso XIII a nuestra ciudad, entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre de 1903.



La casa en 1903, poco antes de su derribo (Aurelio Colmenares y Orgáz)


Plano de la casa, realizado por Luis Barrón (AML)


Dos vistas del lugar en la actualidad






viernes, 8 de noviembre de 2024

El Guardián del Ebro

 Ubicado en la entrada norte de la ciudad, junto al Puente de Piedra se alzó hasta hace unos siglos el castillo de Logroño. Las imágenes que conservamos de él son escasas, al igual que las descripciones, sin embargo, sabemos que fue un importante punto para la ciudad.

Como ocurre con muchas fortalezas medievales, sus orígenes nos son desconocidos, en gran parte, por la escasez de fuentes. Las primeras referencias documentales que se conservan, datan del siglo XII, aunque muy posiblemente existiese ya en el XI. Bajo el reinado de Alfonso el Batallador conocemos la presencia de al menos cuatro tenentes navarros. Durante los siglos posteriores hemos de suponer que el edifico estuvo cumpliendo con su función. En 1527 conocemos una remodelación, propuesta por Álvaro de Luna. Volvemos a conocer documentación, esta vez más detallada en el año 1549, Juan González del Campo toma posesión de la fortaleza. Nada más llegar, ordena hacer un inventario de los objetos que hay allí. En el citado inventario se menciona la existencia de una Torre Vieja, ubicada en el interior de la ciudad y una Torre del Homenaje, la más destacada del edificio. En 1572, el edificio es reformado de nuevo. El 20 de noviembre de 1573, el Concejo de Logroño declara el edificio en ruina y ordena su derribo. Además, menciona que no hay alcaide hace unos años, aunque parece que finalmente no llegó a ejecutarse tal derribo. En 1592 es el rey quien se interesa por el estado de la fortaleza. De nuevo se hace una descripción, añadiendo que la torre que se erige junto al Convento de San Francisco está vacía y la otra se encontraba en muy mal estado. Esta torre estaba unida a la primera del puente y junto a ella estaba la vivienda del alcaide. Señala también que las dos torres se unen por muros y que en el medio hay un patio. La respuesta real pasa por que los alcaides vuelvan a habitar la fortaleza. Las continuas avenidas del Ebro y la proximidad de la orilla, dañaron en varias ocasiones las murallas y pusieron en peligro a la fortaleza durante el siglo XVI. Pese a este arreglo, el castillo se va degradando en los siguientes siglos. Su uso se retomó a principios del siglo XIX, cuando es habitado de nuevo. Esta vez como cárcel provisional en la llamada Torre de la Cigüeña. Para entonces, el edifico está ya en muy malas condiciones, pero aún conserva las dos torres y parte de las murallas. En 1824 es usado como almacén de pólvora y en 1839, el Ejército dibuja unos planos y aún incluye las edificaciones de la vieja fortaleza de la ciudad. En 1870 ya no queda ningún resto de la fortaleza.

El paso del siglo XIX y el crecimiento urbano hicieron desaparecer los últimos restos de la fortaleza de Logroño. Sin embargo, en los primeros años del siglo XXI, una intervención urbanística en la zona sacó a la luz los restos de una importante torre y varias murallas, unidas a los arranques del puente medieval. Sin embargo, estos restos fueron desmontados y hoy en día se encuentran en el Parque de Servicios del Ayuntamiento, a la espera de ser repuestos algún día para el disfrute de la ciudad.

Las representaciones gráficas que conservamos del Castillo de Logroño son muy escasas. Quizás, las más antiguas hemos de buscarlas en los sellos del Concejo, datados del siglo XIV, en los que se reproduce el puente con las tres torres de una forma muy genérica. En el siglo XIX, se empiezan a realizar grabados. Los que recogen el castillo datan del año 1846. En la actualidad no conocemos ninguna fotografía de esta fortaleza.

Descubrimiento de los restos del Castillo (Taquio Uzqueda)

Grabado decimonónico con la torre del Castillo (Navarra, Castillos que defendieron un reino)


lunes, 20 de marzo de 2023

Capítulo final en la historia del Puente Mantible de Logroño

 Situado aguas arriba, pero dentro del término municipal de Logroño, se construye el que puede ser el puente más antiguo de la ciudad de Logroño. Hablamos sin duda del Puente Mantible declarado Bien de Interés Cultural en 1983 y del que hasta 2021 subsistían dos arcos, uno en la ribera logroñesa del Ebro y otro en la vasca. Ahora solo queda el alavés.

La denominación de Puente Mantible (Puente Viejo) aparece en dos puntos de la geografía española, uno en Logroño y otro en Garrovillas de Alconétar (Cáceres).

Las leyendas sobre El Puente Mantible son muchas, relacionadas con personajes como Carlomagno, Finebrás, … mencionados también en un capítulo de Don Quijote de La Mancha y que da título a una obra de Pedro Calderón de La Barca. Sin embargo, estas alusiones se relacionan con el Mantible cacereño.

Menos resonada, pero no por ello menos importante, es la historia del Puente Mantible riojano, aunque es un tanto complejo conocer sus orígenes. Uno de los que se han propuesto es un origen romano, hacia el siglo II d.C., aunque no hay certeza de este hecho. Esta teoría plantea que el puente serviría para saltar el río, siguiendo una calzada procedente de Vareia y Tricio. Otra hipótesis, retrasa hasta el siglo XI la construcción del puente. Según esta propuesta, el Puente Mantible sería construido junto con el de Puente la Reina (Navarra) bajo el reinado de Sancho III El Mayor, en un proyecto para conectar Pamplona y Nájera.

Una tercera hipótesis plantea que el Puente Mantible fuese una construcción romana, reformado en la Edad Media.

El número de arcos también ha sido discutido, proponiendo una construcción con seis o siete arcos de medio punto con diferentes alturas, colocando el primero en una colina. Con un cauce normal únicamente los dos primeros arcos quedarían sobre el río.

En el siglo XII, el Puente Mantible queda inutilizado por algún motivo desconocido, aunque lo más probable parece ser una riada. En el año 1095, tenemos la primera mención al Puente de San Juan (Puente de Piedra de Logroño) en el Fuero de Logroño. Tras la destrucción en el siglo XII, el Puente Mantible volvió a ser usado destruyéndose finalmente en el siglo XV en alguna guerra. Recientes estudios señalan que el arco central fue dinamitado, dejando en mal estado al primero.

Desde entonces hasta la actualidad, el Puente Mantible ha subsistido parcialmente, exigiendo cada vez más una reforma que salve a este huérfano monumento logroñés. Sin embargo, esta nunca llegó y el 25 de enero de 2021, el arco logroñés se vino abajo, dejando únicamente la pila y el estribo. Tristemente, en ese momento  fue cuando se activó el protocolo de restauración por parte del Ayuntamiento, que plantea una reconstrucción que no suplirá la pérdida del original, pues únicamente será una copia.

Arco logroñés del Puente Mantible en la década de los 70 (Foto Petra Alcalde Morales)

Vista general del puente en los 80 (Foto Petra Alcalde Morales)

El arco logroñés en los años 80. (Foto Petra Alcalde Morales)

El arco logroñés en 1910, con su forma original
Arco logroñés derrumbado (BCE)

Vista de la pila del Puente Mantible (BCE)

Las piedras es cuanto ha quedado del arco logroñés (BCE)




jueves, 24 de noviembre de 2022

Finca de La Fombera, una historia olvidada de Logroño

Ubicada en la confluencia entre los ríos Ebro e Iregua, La finca de La Fombera fue una de las propiedades más notorias del Logroño decimonónico, siendo sus propietarios, Joaquín Baldomero Espartero y Doña Jacinta Martínez de Sicilia. En la actualidad, apenas quedan restos de este lugar de referencia para la Historia de España.

La finca de La Fombera, era uno de los pulmones de la ciudad. Contaba con ocho hectáreas de terreno, siendo la más grande de todo el patrimonio de esta destacada pareja, y que, Don Baldomero la usaba para su recreo. Contaba con un chalet, con cuatro pisos de altura, rodeado por diferentes especies de árboles, manantiales y ríos. Los más destacados eran dos imponentes sequoias, que aún persisten hasta la actualidad. Una de ellas fue traída por el propio Espartero desde Perú. El acceso principal se encontraba en la actual carretera de Zaragoza, cruzando una destacable puerta de forja. Por esta finca pasaron durante el siglo XIX, ilustres personajes como el General Prim, en su visita a Logroño para ofrecerle a Espartero la corona de España, hecho que Espartero rechazó, invitando esa tarde a Prim a conocer la finca. El lugar también fue visitado por Benito Pérez Galdós, que acudió a nuestra capital para documentarse para la escritura de un libro, que quedó inédito, dedicado a Sagasta. Además La Fombera es el único espacio que este autor menciona en sus Episodios Nacionales, además aparece referenciada en los artículos que Karl Marx estaba escribiendo en la época.

La Fombera también fue pionera en las comunicaciones ya que contó con la primera (o segunda, dependiendo de autores), línea telefónica en Logroño, usada por el propio Espartero.

Sin embargo, parece que los primeros habitantes de este lugar fueron los Romanos, pues se tiene constancia de que Espartero y su esposa encontraron en estas tierras restos de calles, casas o incluso huesos, que parecen pertenecer a alguna villa romana rural. Precisamente de estos restos, la noble pareja hacía alarde ante sus visitas. Según el documento escrito por Cea Bermudez, citado por Blas de Taracena cita que el puerto comercial de Varea estaría en la finca de La Fombera (Fontvera), en el cual había restos de postes de amarre de los barcos y pueden hallarse restos monumentales.

En la documentación, sabemos que, antes de ser propiedad de Espartero, la propiedad estaba dentro del Mayorazgo de Pedro Eloy de la Porta, que por entonces ya mencionaba el término La Fombera.

Pedro Eloy de la Porta es ancestro directo de Ezequiel Martínez, padre de Doña Jacinta Martínez de Sicilia. Ostentó gobernador perpetuo de la ciudad de Logroño. Por parte de su padre, Doña Jacinta heredará la propiedad. Vino salido de esta finca estuvo presente en las primeras botellas de vino que cruzaron el Atlántico sin corromperse.

Tras la destacable vida en la Fombera, Espartero falleció el día 8 de enero de 1879, legando su finca preferida a la ciudad de Logroño para el disfrute de la misma. En propiedad municipal debió permanecer hasta el día 11 de marzo de 1890, cuando La Fombera pasa a ser propiedad de la Administración Pública de La Rioja. La prensa del momento nos informa de que la finca es en ese momento, el semillero municipal y el depósito de la Zona Norte, pues desde aquí se abastecía a pueblos y ciudades cercanas. Además, La Fombera se encontraba dentro del Vivero Central, término que llegaba desde el Iregua hasta el actual barrio de San José. Precisamente, en los planos de este barrio, trazados por el arquitecto José María Carreras, especifica que se pensaba construir unas escuelas y una capilla para el Vivero Central.

En 1908, existen unos planos referidos al proyecto de Construcción del Vivero Central. En él se refleja de forma muy detallada la casa, con dos niveles de altura y un patio interior. Este plano se encuentra depositado en el Archivo Histórico Provincial de La Rioja.

En 1925, vuelven a aparecer planos, depositados en el Archivo Histórico Provincial, que representan la casa y la finca, que será en un futuro el Vivero. La forma de la casa, en este caso varía, dejando únicamente un cuadrado. ¿Ha habido alguna reforma?, habrá que buscar expedientes.

Volvemos a saber sobre la Finca de La Fombera en el año 1945, cuando la finca es usada también como piscifactoría, siendo una de las más destacadas de las cercanías. Sin embargo, no cuenta con una gran extensión de terreno. Esta piscifactoría cuenta con varios estanques y en ella se crían truchas. En ese año, la revista La Rioja Industrial documenta las instalaciones, conservándose aún la puerta de entrada metálica, de los tiempos de Espartero, la casa y varios de los árboles. La piscifactoría se coloca en torno a un edificio construido posteriormente, para este nuevo uso.

La casa principal es usada como vivienda de los guardas forestales, aunque pronto quedará sin uso y con el tiempo se declarará en ruina. Pese a su relevancia, no conservamos ninguna imagen o descripción de ella. Sin embargo, sabemos, por el artículo de la profesora Mª Pilar Andueza Unanua, Amueblamiento y ornato del Espacio doméstico decimonónico: El Palacio logroñés del General Espartero, que existieron. En el Inventario de Bienes realizado a la muerte de Doña Jacinta, se menciona que en la sala de billar de su palacio de Logroño, la pareja tenía dos vistas fotográficas de la Finca de La Fombera. Las descripciones tampoco son abundantes. Sabemos que se trataba de una destacada edificación, con varios “locales”, adosados a la construcción, que eran utilizados como cuadras, pajares…

Si que parece verse la casa en el fondo de dos imágenes. Una tomada por el Fotógrafo Jorge Palomo Duran durante unas supuestas maniobras militares en La Fombera en el año 1936. Si miramos con detalle esta imagen, vemos los tejados de las edificaciones. (Habría que cerciorarse de que el paisaje que hay detrás coincida). También parece haber sido fotografiada en una imagen que hay en el Archivo Municipal de Logroño, aunque también estamos a falta de confirmarlo.

La testamentaría nos describe que la casa tenía un cobertizo en la fachada principal, por el que se accedía a un patio, dónde se encontraba el acceso principal a la vivienda. En el primer nivel se encontraba la cocina. En el segundo, estaban los dormitorios y el cuarto de Espartero y en el último había dos salas, una usada como comedor y otra como gabinete. Las fuentes hablan de que era una casa bastante austera, en la que apenas había sitio para la decoración. Conocemos esta disposición interior de la casa siguiendo lo publicado en el Libro Espartero, Hacendado Riojano, de Francisco Bermejo.

Las medidas que nos ofrecen las fuentes, coinciden con la edificación visible en el Catastro de 1937 (El primero que contiene planos en La Rioja) y varias fotografías de varios vuelos.

Con el paso del tiempo, el uso de La Fombera fue cambiando, y con ella, su estructura. En 1986, la casa principal, residencia de Espartero, es demolida y ampliados varios de los edificios que la circunvalaban.

El edificio tenía cuatro plantas. La primera de ellas acogía el portal, una despensa y la cocina, además de las escaleras que subían hacia la segunda planta, donde Espartero tenía su despacho y dos dormitorios. En la planta superior estaba el salón comedor y el Gabinete.

Antes del derribo, se evacuó toda la documentación que subsistía en la parte superior de la casa. Más de 3000 documentos, entre los que había Boletines de la Provincia, Documentación del Distrito Forestal e ICONA, entre otras, fue trasladados al Archivo Histórico Provincial.

La puerta de acceso a la finca fue desmontada y su destino estaba en la chatarra, pero, por suerte, su destino cambió para situarse en una finca propiedad del Gobierno de La Rioja en el término de San Andrés de Cameros, adaptándose a su nueva ubicación. Es en este lugar donde se conserva en la actualidad, achacada por el paso del tiempo y sus inclemencias, que han dañado irreversiblemente partes originales, pero que con una restauración, podría volver a lucir su esplendor perdido.

Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Enrique Cabezón, que junto a la Asociación de Vecinos de Los Lirios sigue luchando contra el olvido patrimonial. En la actualidad, está dando los retoques a su último libro: Historia Universal de ninguna parte.

Posible vista de la Casa de La Fombera (Archivo Municipal de Logroño)

Fotografía de Espartero

Catastro de 1937 (Archivo Histórico Provincial de La Rioja)

Vista de la Finca de La Fombera. Sombra de la casa principal (La Rioja Industrial)

Boceto de la casa ante el derribo de 1986 (Archivo Municipal de Logroño)

Casa del Guarda y piscifactoría de La Fombera (La Rioja Industrial)

Puertas de La Fombera (La Rioja Industrial)

Jacinta Martínez de Sicilia

Maniobras militares en ¿La Fombera? (Jorge Palomo Durán, 1936)

Puertas de La Fombera en su ubicación actual
Plano de la Fombera sin datar (Archivo Histórico Provincial de La Rioja Sig. DF1079/12)

Plano de 1908 (Archivo Histórico Provincial de La Rioja Sig: DF 1079/18)

Detalle de la casa en el plano (Archivo Histórico Provincial de La Rioja Sig: DF 1079/18)

Plano de 1925 (Archivo Histórico Provincial de La Rioja Sig: DF 0677/06)