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miércoles, 11 de febrero de 2026

Aquí hubo...

Hace unos días me llegó la noticia de que se estaban construyendo unos nuevos bloques de viviendas en una parcela en la perfiferia del barrio de Varea. Hace apenas tres años, yo mismo estuve paseando por las vallas de ese mismo solar, apreciando los detalles de unas antiguas estructuras tardoromanas que habían aflorado en la misma hacía años. Los restos, perfectamente estudiados y publicados, correspondían con unas viviendas edificadas en los últimos momentos de la presencia romana en la ciudad. En sí, los restos materiales no tenían más valor que ser un testimonio de cómo aquella ciudad se rehizo, con un nuevo trazado urbano, tras las diferentes oleadas de pueblos bárbaros que asolaron el territorio a comienzos del siglo V en el territorio que hoy llamamos Logroño.
En el informe, según publica la prensa, se dictaminó que no había motivos para conservar aquellas estructuras, dado que según ellos, la parte más significativa del yacimiento se había destruido para erigir una factoría, sin ningún seguimiento.
Cada vez que se borra una parte de la Historia, se pierde una parte de nosotros, y hemos de recordar en estos casos, las palabras de un historiador que dijo "El Patrimonio no es nuestro, solo se lo tomamos prestado a nuestros hijos"
He visitado lugares, donde los yacimientos arqueológicos han quedado integrados en las nuevas construcciones, recordando que allí, hace más de 2000 años, ya exisitía una importante ciudad, que en este caso, fue también el último puerto navegable del río Ebro y del que tampoco hemos conservado ruina alguna.
En estos momentos, de aquellas piedras no queda práctcamente nada. Esta pérdida, que por desgracia no es la primera de la que se tiene noticia en el lugar, supone la eliminación física de una parte de la Historia, de nuestra Historia, privando a generaciones futuras de poder presenciarlos in situ, valorarlos y compartirlos...





Adjunto unas fotografías de mi autoría de los restos en el año 2017 y una vista de la parcela actualmente






jueves, 7 de agosto de 2025

Chalet Calle Santa Isabel

Calle Santa Isabel,al fondo el Chalet. Fuente: Mi Logroño de Cristal

Vista del Chalet. Colección Bruno Calleja Escalona



 

Logroño no pudo construir fuera de sus murallas hasta que, en 1861, no se autorizó su derribo. Tras este, la ciudad de Logroño empezó a crecer hacia el sur, junto a la Carretera de Soria. La llegada del Ferrocarril a la actual calle Gran Vía supuso otra barrera para su expansión que tuvo que esperar a 1958 para poder saltar definitivamente.

Al sur de las vías, se construyeron fincas con chalets de estilo decimonónico. Los más conocidos son el que se ubicaba en el actual Parque Gallarza, el perteneciente a los propietarios de Zapatillas Fernández, en el Parque del Carmen o el que se ubicaba en la Finca de Santa Isabel. Esta finca era una de las más grandes de la zona. El Chalet de Santa Isabel se encontraba rodeado de grandes jardines. La importancia este chalet, entre otras cosas, viene dada porque entre sus muros se ubicó un colegio.

El Chalet tenía tres pisos de altura, colocándose en el segundo nivel un balcón. El tercer piso se realizaba a dos aguas, que sustentaban el tejado.

En 1948, el camino que da acceso al Chalet de Santa Isabel se convierte en la Calle Santa Isabel, mientras se buscaban algunos usos para el chalet y la finca.

El 13 de julio de 1956, se adquirió el edificio con todos los terrenos por los Padres Escolapios. El 2 de octubre de 1962, se inaugura el colegio que poco a poco va ampliando los espacios para crear clases que acogiesen a los alumnos de primera enseñanza (4 a 8 años). La popularidad del Colegio de Santa Isabel llegó a plantear que se convirtiese en una sucursal del Principal, aunque no se consiguió, y poco a poco el colegio fue decayendo, hasta cerrar sus puertas en 1973, tras haber contado con más de 400 alumnos.

Tras el cierre del Colegio, el Chalet es derribado para dar paso a la actual Calle Menéndez Pelayo y a las nuevas edificaciones residenciales que se construyeron en el solar del Chalet y los jardines.

Durante la estancia del Colegio en la finca, el antiguo camino de acceso se convirtió en una calle con edificios y perdió la forma de camino particular. La Calle Santa Isabel tenía como cierre el chalet, que contrastaba con los bloques de viviendas, más altos y uniformes entre sí.

En la actualidad, únicamente el nombre de la calle y su trazado nos recuerdan a lo que antaño estuvo construido.