martes, 14 de julio de 2026
San Fermín, una fiesta con mucha historia
martes, 29 de julio de 2025
El Castillo de Aguas Mansas, Agoncillo
Este castillo, datado posiblemente de época romana fue una de las construcciones defensivas que conformaban la defensa del río Ebro, Ibero para los Romanos. Sus orígenes hay que buscarlos en la Torre del Homenaje, la construcción más antigua del conjunto. La base de la torre presenta algunos indicios de la tipología propia del periodo romano, como sillares cuadrangulares, además de una planta también cuadrangular. Su ubicación, cercana al paso de la Calzada Romana Iter I, que unía Hispania con Roma, unido al hallazgo de una estela funeraria de tipología claramente romana, refuerza la teoría de su construcción durante los siglos de domino de Roma. Desconocemos noticias escritas de los primeros siglos de existencia de la fortaleza, por lo que únicamente hemos de basarnos en las fuentes arqueológicas. Desconocemos el papel que este punto defensivo jugó durante las oleadas de los pueblos bárbaros, que arrasaron esta zona entre los siglos III al V. Sin embargo, conocemos datos de población en esta área a lo largo de todo el tiempo. Agoncillo aparece mencionado por primera vez en el testamento de la Reina Estefanía en el 1066. En 1169 se documenta como tenente de la fortaleza de Agoncillo a García Bermúdez y en 1191 el Castillo pertenece al Reino de Castilla. Sin embargo, la primera mención escrita a la fortaleza se registrará en 1211, cuando esta es propiedad de la familia Medrano, que dejará su impronta en la entrada de la fortaleza con su escudo heráldico. Hemos de suponer pues, que, en ese momento, la fortaleza es algo más que la torre del Homenaje. En 1334 se ejecutó en el Castillo de Agoncillo a Juan Alfonso de Haro III, acusado de alta traición al rey. Esta ejecución supuso que el Señorío de Cameros cambiase de familia titular, ostentando ahora este cargo los Ramírez de Arellano. Se ha pensado que en 1340 el Capitán Medrano, señor del Castillo, realizó mejoras en la fortaleza. En 1388 Juan Rodríguez de Agoncillo, propietario del lugar dejaba en herencia el castillo a su hijo Rodrigo Alonso. En 1392, Diego López de Medrano cambiará a Rodrigo Alonso una torre en Islallana y varias casas por el Castillo de Agoncillo.
Castillo de Agoncillo a cominzos de siglo XX.
Ya
en el siglo XIV, tras la muerte de la madre de Rodrigo Alonso, este en 1402
venderá el Señorío de Agoncillo a Diego López de Medrano, quien una vez
reunidas las posesiones, en 1407 formó un mayorazgo a favor de su hijo, el cual
murió sin descendencia. Ante este hecho el castillo pasó a manos de su hermana
Aldonza, casada con Lope García de Porras. Será el hijo de ambos, Pedro López
de Medrano quién mantenga el mayorazgo y la posesión. Es en estos años, cuando
el castillo adquirió su forma y aspecto actual.
Plaza de Agoncillo con el Castillo a la izquierda. Ayto Agoncillo.
En
1477 murió Pedro López de Medrano pasando la propiedad a su hijo Lope de
Porras, aunque el traspaso de poder no fue pacífico. Durante los años en los
que esta familia poseyó el castillo hizo considerables reformas en su interior
y exterior, dándole el aspecto de palacio fortificado. Entre las mejoras
efectuadas se encuentran los cubos y el foso que planteaban ya defensas contra
nuevas formas de artillería y cuyas obras dirigidas por Juan Guitierres
comenzaron en 1482, prolongándose hasta principios del siglo, cuando a la
muerte del promotor el proyecto quedó inconcluso. En el siglo XVI, También en
este periodo hay noticias de reformas en el castillo, reduciendo el tamaño del
patio interior. A finales de siglo XVI, el Señorío de Agoncillo vuelve a
cambiar de familia al morir Lope de Porras hijo de Pedro de Porras. En ese
momento el mayorazgo de Agoncillo recayó en su hija Ana María de Porras, que
estaba casada con el Conde de Siruela, Cristóbal de Velasco y que será
propietaria del título durante gran parte del siglo XVII. Entre los años 1620 y
1622 el Señorío de Agoncillo era propiedad de Beatriz de Zúñiga, mientras que,
en 1628, la propietaria será la Marquesa de Caprio, delegada por la Condesa de
Siruela, que está desempeñando el cargo de Camarera Mayor de la Corte de
Hungría. Los Condes de Siruela mantendrán entre 1689 y 1695 un pleito sobre la
posesión del Señorío de Agoncillo, pues la última hija de estos señores
procesaba como monja en un convento y falleció el mismo año en el que se emitió
la sentencia entregando el Señorío a la Familia Frías Salazar. Será el primer
propietario de esta saga, Lope Frías Salazar quién realice algunas obras en la
fortaleza, en ocasiones muy desafortunadas. Una de ellas fue rellenar los fosos
y torres, además de modificar la estructura del castillo.
Escudo a la entrada del Castillo. BCE
Ya
en 1836, el Castillo de Agoncillo es usado como torre del telégrafo, dentro de
una red de comunicación trazada por los carlistas para poder comunicarse entre
ellos, contando con quince estaciones y dos líneas. Agoncillo se encuentra en
la primera que une Logroño, Agoncillo, Alcanadre, Lerín, Larraga, Puente La
Reina y Pamplona. Este sistema telegráfico, basado en posiciones, en algunos
momentos no resultó demasiado eficaz, al no poder ser usado ni de noche ni con
niebla. Este telégrafo es mencionado por Pío Baroja en su libro Memorias de un
hombre de acción. Años más tarde, en 1846, el Señor de Agoncillo sigue
residiendo en el Castillo. En 1875, el Señor de Agoncillo se convirtió en
Marqués de Agoncillo, conservando en propiedad algunos lugares, entre ellos el
Castillo. También esta posesión será conservada por el Marqués en 1881. Tras la
muerte del Marqués, sus propiedades son subastadas, la primera de ellas fue el
Castillo con todo su mobiliario, sin embargo, nadie lo adquirió y volvió a
salir a la venta un año después. Finalmente, el 16 de noviembre de 1891 el
castillo fue adquirido por Manuel Reboiro y Eusebio Faces Pascual, que tomaron
posesión de él el 16 de noviembre de 1892. Después de esta venta y con el paso
de los años, el Castillo se convirtió en viviendas, quedando en 1967 como
propietarios Carmelo Faces Ruiz y Felisa Faces Ruiz, primos carnales entre
ellos, como propietarios del castillo.
El Castillo antes de la Restauración. Ayto Agoncillo
La
familia de Carmelo Faces Ruiz fueron propietarios de la parte derecha del
edificio, donde sus descendientes establecieron su vivienda. Precisamente su
nieta mayor nacerá entre los muros de este castillo.
sábado, 12 de abril de 2025
Nalda y el Monasterio de San Prudencio
La cercanía entre Nalda y el Monasterio de San Prudencio hace que sus historias presenten lazos comunes.
La documentación primaria conservada del monasterio se
reduce a una recopilación de documentos del propio archivo monástico, realizada
entre 1725 y 1727 por un ilustre Monje, Gaspar Coronel, que el propio escribano
titula como Historia del Real Monasterio de San Prudencio. En esta obra
encontramos algunas noticias que recogen lazos entre Nalda y el Monasterio:
-1049: En este año el Rey Sancho III El Mayor dona al Señor
de Cameros y gran benefactor del mismo, posesiones en varios lugares, entre
ellos Nalda.
-2-4-1067: En una permuta de posesiones entre San Prudencio
y San Martín, recibe a cambio de diferentes lugares, el dominio sobre el
monasterio de San Agustín, cerca de Nalda con sus tierras.
-13-11-1217: Dentro del corpus documental, se recoge una
escritura firmada en Nalda por la cual Raimundo y Martín Bermúdez venden a
Rodrigo Díaz y su esposa el lugar de Muro por 700 maravedís.
-1121: en el testamento de Mencia Ximénez, esta entrega al
Monasterio de San Prudencio varias posesiones, como la Villa de Luezas, además
de heredades en Nalda que dice había heredado de sus padres, habiendo allí
tierras, molinos, viñas y huertos.
Parte de esta obra se encuentra publicada en el libro Documentación Medieval del Monasterio de
San Prudencio de Monte Laturce (Siglos X-XV) de Francisco Javier García
Turza.
Por otro lado, encontramos referencias al vínculo entre
Nalda y el Monasterio de San Prudencio en el libro escrito por Bernardo Ibáñez,
En él, el autor recoge que Nalda participaba en la
multitudinaria romería que se realizaba al monasterio cisterciense, documentada
desde al menos el siglo XII. Bernardo Ibáñez de Echávarri, señala en su libro Vida de S. Prudencio, Obispo de Tarazona,
Patrono Principal, y Hijo de la M.N. y M.L. Provincia de Álava : precedida...
, publicado hacia el año 1753 que antiguamente Nalda, junto a Murillo, Clavijo,
Albelda, Lardero Alberite, Soto Tregujantes, Zenzano y Villamediana subían el
día 28 de abril, pero al concentrarse un elevado número de personas y la gran
duración de la recepción, se decidió hacer la recepción y romería de forma
escalonada por días, reservando el 28 para que Logroño cumpliese el Voto que
debía a este Santo.
Esta información también aparece recogida por el autor
Julián Cantera Orive en su obra San
Prudencio de Armentia también cita la presencia de Nalda en la Romería de
San Prudencio. Igualmente, en un libro de reciente publicación titulado Tres Veces Cielo, el Monasterio de San
Prudencio de Monte Laturce, escrito por Bruno Calleja Escalona, también se
recoge esta presencia.
sábado, 22 de febrero de 2025
Maximiano Hijón, arquitecto
El 21 de febrero de 2025 se han cumplido 200 años del
nacimiento de Maximiano Hijón Ibarra, con este motivo, el pasado día 20, en
vísperas del bicentenario se publicó un libro titulado Maximiano Hijón, el arte
de la Arquitectura Urbana, escrito por Bruno Calleja Escalona, en el que se
recogía su vida y obra, que contó con muy buena acogida. También, esa
institución, junto a la Revista Pregón, han organizado durante todo el mes de
febrero una exposición que recoge la trayectoria profesional de este
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Maximiano Hijón nació en Logroño en 1825, formándose como
arquitecto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde tituló en
1846. Los primeros años de su carrera los pasó entre Logroño y Madrid,
destacando muy pronto por su interés en la conservación de monumentos. En estos
momentos, propondrá la creación de un museo en la Iglesia de San Bartolomé de
Logroño, donde se ubicarán las piezas que se habían recuperado de los
monasterios desamortizados de la provincia.
También, en 1855, será nombrado Arquitecto Municipal de
Logroño, donde realizará algunas importantes obras públicas, además de
construir la que será su casa, la cual se ubicaba en las traseras de la casa de
su padre. Este edificio reunirá muchos de los elementos que Hijón ha conocido
durante su estancia en Madrid y que aplicará en sus obras posteriores en
Navarra, como las cabezas de león, las guirnaldas y medallones, además de las
escaleras dobles.
Sin embargo, no será hasta el año 1858 cuando sea nombrado
Director de Caminos de la Zona Sur de Navarra y un año más tarde fijará su
residencia en Pamplona.
Pronto recibirá el encargo del diseño de un edificio para
acoger el Instituto de Segunda Enseñanza, el cual, Hijón resolverá
introduciendo una estructura metálica, algo que no se había visto antes en la
ciudad y que le supuso estar presente en la Exposición de Filadelfia de 1876.
Igualmente, también se le encomendó el diseño y composición
del programa iconográfico del Salón del Trono del Palacio de la Diputación, que
se enmarcaba en los actos de preparación de una visita que la reina Isabel II
debería haber hecho a Pamplona y que finalmente fue cancelada, en la cual Hijón
era el encargado del programa iconográfico.
Para la realización del Salón del Trono, Hijón tendrá que seleccionar y contratar a los artistas, entre los que se encontraba su propio sobrino Constancio López Corona, que pintó tres retratos regios y algunas de las escenas que se colocan en esta estancia.
En 1859, Hijón es admitido como socio en el Casino
Principal, ubicado en el Paseo Sarasate. Sus obras no se centraron únicamente
en Pamplona, pues en 1861, firmará un proyecto para la construcción de la Venta
de San Fermín, ubicada entre Cadreita y Villafranca, además de un arco que se
instaló en ese año en Cortes para recibir al Rey.
El legado que Maximiano Hijón dejó no fue solo la
construcción de nuevos edificios, sino que también fue uno de los precursores
de la conservación de monumentos, siendo miembro de la Comisión de Monumentos
Histórico Artísticos de Navarra, donde, en colaboración con importantes firmas
como Juan Iturralde y Suit o Pablo Ilarregui será quien firme la revocación de
la Desamortización del Monasterio de Leyre, evitando así que este fuese
destruido. También trabajó en la conservación de la Ermita de Eunate y del
Edificio de la Cámara de Comptos. Su nombre aparece en muchas actas de esta
comisión, asistiendo a diferentes actos relacionados con monasterios
desamortizados en la Comunidad.
Hijón permanecerá en Pamplona al menos hasta 1867, cuando
vuelve a Logroño, sin embargo, deja importantes contactos con sus colegas
navarros, con los que se escribe cartas, en las que, por ejemplo, señala su
afición a la numismática.
En Logroño, será nombrado Arquitecto Provincial, además de
actuar como municipal cuando el cargo se encuentra vacante. También trabajará
como Arquitecto de la Diócesis, realizando una importante labor de recuperación
de numerosas iglesias en diferentes lugares que formaban parte de la Diócesis
en esos momentos.
Una vez en Logroño, Maximiano Hijón se casará en la iglesia
de Palacio con su sobrina Estéfana López Corona. La encontraremos, junto a su
hermana Rosa participando en las fiestas y veladas que Hijón ofrecía en su casa
y que gozaban de un gran interés por sus conciudadanos. Tras la muerte de esta
en 1882, Hijón se casará con Rosa López Corona, su hermana, siendo esta vez la
Basílica de San Agustín de Roma el escenario de este enlace.
Pese a residir en Logroño, Hijón será llamado en 1884 por el
Crédito Navarro para que diseñe un nuevo edificio de viviendas que se ubicará
en el número 44 de la Plaza del Castillo. Como ya había hecho con el Instituto
de Segunda Enseñanza, empleó una estructura metálica, realizada en Bélgica.
Tras la construcción del nuevo edificio, en su primer piso se instalará la
Sociedad Nuevo Casino Principal, heredera del Casino Principal y en sus bajos
abrirá sus puertas el Café Iruña, también atribuido a Hijón. En la decoración
del edificio, podemos ver elementos característicos de la obra de Hijón, así
como otros que bien podrían haber sido tomados en su viaje a Italia.
En 1887, Hijón será el encargado de construir unas escuelas
municipales para la localidad de Tafalla, las cuales se encuentran en la
actualidad en la Ikastola de ese municipio.
Tras una prolífica vida, Hijón murió en Logroño el 12 de
julio de 1891 en su casa de la Calle Herrerías. Su fallecimiento fue muy notado
por toda la sociedad del momento.
Hasta el momento, no se había identificado a Hijón en ningún
retrato o fotografía, sin embargo, gracias a la investigación de Bruno Calleja
Escalona, se ha podido identificar un retrato, realizado posiblemente por
Constancio López Corona y custodiado por el Ayuntamiento de Logroño, en el que
se representa a Hijón portando en su mano el plano del Salón del Trono del
Palacio de Navarra. También, Hijón ha sido identificado en un dibujo realizado
en 1864 por Juan Iturralde y Suit en una excursión al Monte Aralar.
domingo, 15 de diciembre de 2024
Arleta, al pie del Camino
Se documenta como señorío de realengo en 1280, quedando despoblado un siglo después. En 1427, vuelve a tener un habitante. Posteriormente, los dueños lo vendieron a Roncesvalles. Aparece mencionado en el Libro de Armería del siglo XVI, al contar con palacio y propietarios hasta el siglo XVIII. En el siglo XIX, tenía un regidor electo por las tres familias que lo habitaban.
Lugares para visitar:
(En la actualidad, Arleta es una propiedad particular, por lo que las visitas están restringidas. Desde el Camino de Santiago, se obtiene una vista completa del lugar)
-Iglesia de Santa Marina: Se ubica justo al lado del paso de la Ruta Jacobea. La iglesia tiene una portada románica y una espadaña, además de un retablo del siglo XVI. En sus alrededores, hay restos de estelas y de un camino antiguo. Tiene una ventana tapida en la que los peregrinos dejaban sus ofrendas.
-Palacio: Ubicado junto a la iglesia. Tiene forma de U. Presenta un patio central que lo articula. A su derecha, hay una construcción más moderna, realizada en torno a una torre cuadrangular. A la izquierda, vemos una ventana geminada, más antigua que el resto del conjunto. La existencia de este palacio está documentada desde el siglo XVI.
-Lavadero: Ubicado junto al camino, en la actualidad en ruinas.
-Crucero: Se sitúa junto a la carretera, en la entrada principal del señorío. Presenta una cruz, situada en lo alto de una columna con fuste y capitel. El trazado del Paque Fluvial del Arga pasa a su lado.
-Ermita de San Martín (Desaparecida): No quedan restos.
sábado, 7 de diciembre de 2024
Lusarreta, un lugar con un gran trasfondo histórico
Antiguo señorío de Realengo, ubicado en una de las zonas más altas del Valle de Arce. Se trata de un pequeño núcleo, en el que se conserva el único hórreo del Valle de Arce. Conocemos las primeras menciones a Lusarreta cuando en 1280 pagaba pechas a Roncesvalles, al igual que sus vecinos.
En el Libro de Fuegos de 1366, se contabilizan seis, siendo siete en 1553.
En 1566, vive en Lusarreta Sancho de Leyún, que se casa en segundas nupcias con Catalina de Lusarreta. El era noble. De su primer matrimonio únicamente le sobrevivió una hija. Las segundas nupcias de Sancho no fueron bien acogidas en su familia, que les acusó de dilapidar el patrimonio. Acabaron viviendo en la más absoluta miseria. Tuvieron tres hijos. A su muerta, Catalina pide ser enterrada en Lusarreta y no en Leyún con su marido.
En el año 1783, Miguel Dufur Ibarra de Lusarreta muere sin descendencia directa siendo el último habitante de la Casa Garaico. Su heredera más cercana vivía en Lenaroz y era su sobrina, llamada Juanchina, que con dieciséis años se verá obligada a casarse y vivir en la casa de Lusarreta para no perder la herencia de su tío. Pero no es un caso aislado, pues en 1790 conocemos otro similar en la casa Garrraicorena. Estos matrimonios no eran ni abundantes, ni extraños en la montaña navarra.
En 1794, la Convención Francesa quema la borda de Lusarreta, mientras que el resto del pueblo se salva de las llamas.
En 1800, vivían en Lusarreta 31 personas. En 1858, tenía 58 habitantes.
En 1856, un vecino de Lusarreta va a cumplir el servicio militar en lugar de otro de Mezquíriz. En 1898, se construye la carretera que une Lusarreta con la del Valle de Arce.
En una visita a Lusarreta podemos ver:
-La iglesia de San Esteban. Se cree que se construyó hacia el año 1200. Ha sido restaurada en varias ocasiones a lo largo de su historia. Tiene una planta irregular, aunque con cierta forma de cruz, cubierta con una bóveda de cañón. A los pies hay un coro de madera, en cuyas vigas se han tallado unas vistosas formas. Tuvo un retablo, desaparecido en parte del siglo XVII-XVIII.
-Hórreo: Muy similar al de Erdozain y al de Iracheta. Está construido sobre arcos, en este caso ocho. Sobre ellos, hay unas piedras que cumplen la función de tornarratas. Estos tres hórreos son los únicos construidos sobre arcos. La portada es un arco campaneiforme, decorado con una cruz, unos botones y una cruz de seis puntas, que pueden datar de los siglos XV-XVI. Tras la restauración, se eliminaron las casas contiguas y se trasladó el acceso a su situación actual.
domingo, 1 de diciembre de 2024
El Palacio de los Chapiteles de Logroño
Ubicado en el arranque de la calle Portales, el Palacio de los Chapiteles es una de las construcciones más destacadas del Casco Histórico de Logroño. Hoy en día, sede del Instituto de Estudios Riojanos y de la Dirección General de Cultura y hasta hace no muchas décadas sede del Ayuntamiento de Logroño.
Los orígenes del edificio se remontan al siglo XVI, en un
contexto urbano muy diferente. El cerco amurallado recorría la actual Muro del
Carmen, Rodríguez Paterna y el Muro de Cervantes. En la confluencia de las tres
calles se ubicaba la Puerta de la Herventia, uno de los arcos de entrada a la
ciudad. Las primeras referencias que conocemos al edificio que hoy ocupa el
número 2 de la calle Portales se remontan al siglo XVI, cuando la familia
Jiménez de Enciso, en concreto Pedro Jiménez de Enciso, construye esta casa,
con un aspecto muy diferente al que hoy conocemos. La documentación nos
describe que en el interior había habitaciones dedicadas a escritorios,
capilla, entre otras. La documentación también menciona la existencia de dos
pequeñas torrecillas en una de las fachadas, que fueron construidas en 1575. La
fachada principal tenía una puerta en forma de arco de medio punto. En el
último piso había una galería bajo los torreones. En el centro había un patio
interior. La planta noble era la primera, que se decoraba con los muebles más
suntuosos y ricos. Había un salón y una biblioteca con libros. En esta planta
se guardaron algunas tablas de retablo que la familia tenía en la Redonda
mientras esta estaba en construcción. En el primer piso había habitaciones, que
estaban articuladas en torno al patio central, ubicando el Salón Principal en
la fachada a la Herventia. Este modelo de construcción no es muy diferente al
que se estaba realizando por la nobleza en esos momentos en todo el territorio
español. La zona cambió mucho al colocarse en 1572 el Ayuntamiento en el
Edificio de El Portalón. Durante el siglo XVII, la zona de nuevo sufrió un
cambio al construirse una nueva manzana de casas enfrente. Igualmente, las
casas colindantes también sufren cambios, que no eclipsaron el poder económico
de la familia de los Jiménez de Enciso, que seguían manteniendo su residencia
en este edificio. El nombre de Palacio de los Chapiteles procede de este siglo,
cuando se colocan estos característicos remates sobre los dos torreones de la
fachada de la calle Portales. Durante estos años, se abre al este del edificio
una nueva calle, San Isidro, al desaparecer la primigenia muralla y erigirse la
antigua Casa de Correos. En el vecindario del año 1771, la casa es propiedad de
Bartolomé de Vidaurreta, descendiente de los Jiménez de Enciso. En 1753 se
reconstruye la fachada de la Herventia. Los cambios se consolidan en el siglo
XIX, en concreto tras la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. El
17 de mayo de 1862, el Ayuntamiento se hace con la casa para colocar en ella la
sede del Ayuntamiento. también Sus interiores son remodelados, adaptándolos al
gusto decimonónico y al uso municipal. En ese mismo año también se eliminan los
viejos muros y con ellos la Puerta de la Herventia. A mediados del siglo XIX,
se realizan las Alineaciones, llevadas a cabo por diferentes arquitectos, que
derribaron muchas de las casas colindantes a los muros, dejando más visible la
nueva casa consistorial. El siglo finalizó con la desaparición del Convento de
los Carmelitas en 1895. Durante estos siglos, las dependencias interiores del
edificio cambiaron sustancialmente, llegando a desaparecer el patio a mediados
del XIX para colocar en él la escalera. El día 2 de junio de 1902, se eliminan
los Chapiteles originales de las torrecillas. Durante todo el siglo, el
edificio sufrió reformas para adecuarlo a las necesidades del Consistorio. En
el año 1980, el Consistorio se va y el edificio se transforma en sede del
Instituto de Estudios Riojanos tras una profunda reforma interior y exterior.
En el 2010, los Chapiteles volvieron a su posición original.
sábado, 9 de noviembre de 2024
Historia perdida en Herrerías, 20
Sepultada por el paso del tiempo, olvidada en las crónicas
históricas y víctima de la piqueta hace más de cien años, la casa que ocupó el
actual número 20 de la calle Herrerías reclama su lugar en el pasado de la
ciudad al identificarla en el día de hoy en una fotografía que nos permite
ilustrar y conocer un poco más su llamativa arquitectura.
Los orígenes de esta casa se remontan al siglo XV, cuando se
construye la parte inferior, realizada en piedra de sillería en la que destaca
su portada, de estilo gótico, con una rica ornamentación en forma de líneas
curvas formando un arco lobulado, con unas decoraciones humanas en sus lados y
un escudo en la clave. En el muro se colocó una ventana, de la que tampoco se
descuidó la decoración. Contó con otros dos pisos de altura realizados en
ladrillo, que posteriormente se habían enlucido. En su interior, contó con un patio. Poco
sabemos de sus primeros habitantes y de sus primeros pasos en la historia de la
ciudad.
En el vecindario de 1772, primero de la ciudad, menciona
esta casa, a la que le asigna el número 238, que queda reflejado en el azulejo
con un número azul que se ubicaba en lo alto de su portada. La documentación la
señala como propiedad del Convento de Madre de Dios. Añade que en ella vive
Lorenzo Santos, de profesión panadero. Es posible que este convento se hiciese
con la casa a través de alguna donación o herencia.
Tras la desamortización, la casa pasó a manos particulares. En
los nuevos padrones, la casa recibe el número 34, numeración que mantendrá
hasta su derribo. En 1900, Luis Barrón levanta un plano de esta casa, siendo
propietario Julián Tuesta. En 1903, este mismo arquitecto levanta un plano de
reforma integral de la fachada y colocación de un piso más y una buhardilla. De
esta nueva vivienda conservamos documentación en el Expediente HA8681, del
Archivo Histórico Provincial de La Rioja.
Esta documentación comienza en 1909, cuando se registra de nuevo como
propietario de la casa a Julián Tuesta, que la había adquirido a Amós
Castroviejo. Todos los pisos de la casa se encontraban alquilados. Además, en
este documento, nos menciona que hay un horno en el primer piso. En 1914, la
situación permanece similar, habiendo cambiado los inquilinos de los pisos,
añadiéndose además que la casa se reedifica.
En el año 1903, Aurelio de Colmenares y Orgaz, Conde de
Polentinos, fotógrafo que construyó un considerable archivo en las primeras
décadas del siglo XX. Una de estas imágenes es la que de momento es la única
fotografía conocida de la casa Herrerías 20 (Por entonces 34), durante la
visita del rey Alfonso XIII a nuestra ciudad, entre el 31 de agosto y el 2 de
septiembre de 1903.
La casa en 1903, poco antes de su derribo (Aurelio Colmenares y Orgáz)
viernes, 8 de noviembre de 2024
El Guardián del Ebro
Ubicado en la entrada norte de la ciudad, junto al Puente de Piedra se alzó hasta hace unos siglos el castillo de Logroño. Las imágenes que conservamos de él son escasas, al igual que las descripciones, sin embargo, sabemos que fue un importante punto para la ciudad.
Como ocurre con muchas fortalezas medievales, sus orígenes
nos son desconocidos, en gran parte, por la escasez de fuentes. Las primeras
referencias documentales que se conservan, datan del siglo XII, aunque muy
posiblemente existiese ya en el XI. Bajo el reinado de Alfonso el Batallador
conocemos la presencia de al menos cuatro tenentes navarros. Durante los siglos
posteriores hemos de suponer que el edifico estuvo cumpliendo con su función. En
1527 conocemos una remodelación, propuesta por Álvaro de Luna. Volvemos a
conocer documentación, esta vez más detallada en el año 1549, Juan González del
Campo toma posesión de la fortaleza. Nada más llegar, ordena hacer un
inventario de los objetos que hay allí. En el citado inventario se menciona la
existencia de una Torre Vieja, ubicada en el interior de la ciudad y una Torre
del Homenaje, la más destacada del edificio. En 1572, el edificio es reformado
de nuevo. El 20 de noviembre de 1573, el Concejo de Logroño declara el edificio
en ruina y ordena su derribo. Además, menciona que no hay alcaide hace unos
años, aunque parece que finalmente no llegó a ejecutarse tal derribo. En 1592
es el rey quien se interesa por el estado de la fortaleza. De nuevo se hace una
descripción, añadiendo que la torre que se erige junto al Convento de San
Francisco está vacía y la otra se encontraba en muy mal estado. Esta torre
estaba unida a la primera del puente y junto a ella estaba la vivienda del
alcaide. Señala también que las dos torres se unen por muros y que en el medio
hay un patio. La respuesta real pasa por que los alcaides vuelvan a habitar la
fortaleza. Las continuas avenidas del Ebro y la proximidad de la orilla,
dañaron en varias ocasiones las murallas y pusieron en peligro a la fortaleza
durante el siglo XVI. Pese a este arreglo, el castillo se va degradando en los
siguientes siglos. Su uso se retomó a principios del siglo XIX, cuando es habitado
de nuevo. Esta vez como cárcel provisional en la llamada Torre de la Cigüeña.
Para entonces, el edifico está ya en muy malas condiciones, pero aún conserva
las dos torres y parte de las murallas. En 1824 es usado como almacén de
pólvora y en 1839, el Ejército dibuja unos planos y aún incluye las
edificaciones de la vieja fortaleza de la ciudad. En 1870 ya no queda ningún
resto de la fortaleza.
El paso del siglo XIX y el crecimiento urbano hicieron desaparecer
los últimos restos de la fortaleza de Logroño. Sin embargo, en los primeros
años del siglo XXI, una intervención urbanística en la zona sacó a la luz los
restos de una importante torre y varias murallas, unidas a los arranques del
puente medieval. Sin embargo, estos restos fueron desmontados y hoy en día se
encuentran en el Parque de Servicios del Ayuntamiento, a la espera de ser
repuestos algún día para el disfrute de la ciudad.
Las representaciones gráficas que conservamos del Castillo
de Logroño son muy escasas. Quizás, las más antiguas hemos de buscarlas en los
sellos del Concejo, datados del siglo XIV, en los que se reproduce el puente
con las tres torres de una forma muy genérica. En el siglo XIX, se empiezan a
realizar grabados. Los que recogen el castillo datan del año 1846. En la
actualidad no conocemos ninguna fotografía de esta fortaleza.
lunes, 20 de marzo de 2023
Capítulo final en la historia del Puente Mantible de Logroño
Situado aguas arriba, pero dentro del término municipal de Logroño, se construye el que puede ser el puente más antiguo de la ciudad de Logroño. Hablamos sin duda del Puente Mantible declarado Bien de Interés Cultural en 1983 y del que hasta 2021 subsistían dos arcos, uno en la ribera logroñesa del Ebro y otro en la vasca. Ahora solo queda el alavés.
La denominación de Puente Mantible (Puente Viejo) aparece en
dos puntos de la geografía española, uno en Logroño y otro en Garrovillas de
Alconétar (Cáceres).
Las leyendas sobre El Puente Mantible son muchas,
relacionadas con personajes como Carlomagno, Finebrás, … mencionados también en
un capítulo de Don Quijote de La Mancha y que da título a una obra de Pedro
Calderón de La Barca. Sin embargo, estas alusiones se relacionan con el
Mantible cacereño.
Menos resonada, pero no por ello menos importante, es la
historia del Puente Mantible riojano, aunque es un tanto complejo conocer sus
orígenes. Uno de los que se han propuesto es un origen romano, hacia el siglo
II d.C., aunque no hay certeza de este hecho. Esta teoría plantea que el puente
serviría para saltar el río, siguiendo una calzada procedente de Vareia y
Tricio. Otra hipótesis, retrasa hasta el siglo XI la construcción del puente.
Según esta propuesta, el Puente Mantible sería construido junto con el de
Puente la Reina (Navarra) bajo el reinado de Sancho III El Mayor, en un
proyecto para conectar Pamplona y Nájera.
Una tercera hipótesis plantea que el Puente Mantible fuese
una construcción romana, reformado en la Edad Media.
El número de arcos también ha sido discutido, proponiendo
una construcción con seis o siete arcos de medio punto con diferentes alturas,
colocando el primero en una colina. Con un cauce normal únicamente los dos
primeros arcos quedarían sobre el río.
En el siglo XII, el Puente Mantible queda inutilizado por
algún motivo desconocido, aunque lo más probable parece ser una riada. En el
año 1095, tenemos la primera mención al Puente de San Juan (Puente de Piedra de
Logroño) en el Fuero de Logroño. Tras la destrucción en el siglo XII, el Puente
Mantible volvió a ser usado destruyéndose finalmente en el siglo XV en alguna
guerra. Recientes estudios señalan que el arco central fue dinamitado, dejando
en mal estado al primero.
Desde entonces hasta la actualidad, el Puente Mantible ha
subsistido parcialmente, exigiendo cada vez más una reforma que salve a este
huérfano monumento logroñés. Sin embargo, esta nunca llegó y el 25 de enero de 2021, el arco logroñés se vino abajo, dejando únicamente la pila y el estribo. Tristemente, en ese momento fue cuando se activó el protocolo de restauración por parte del Ayuntamiento, que plantea una reconstrucción que no suplirá la pérdida del original, pues únicamente será una copia.











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