Mostrando entradas con la etiqueta Logroño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Logroño. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de febrero de 2026

Aquí hubo...

Hace unos días me llegó la noticia de que se estaban construyendo unos nuevos bloques de viviendas en una parcela en la perfiferia del barrio de Varea. Hace apenas tres años, yo mismo estuve paseando por las vallas de ese mismo solar, apreciando los detalles de unas antiguas estructuras tardoromanas que habían aflorado en la misma hacía años. Los restos, perfectamente estudiados y publicados, correspondían con unas viviendas edificadas en los últimos momentos de la presencia romana en la ciudad. En sí, los restos materiales no tenían más valor que ser un testimonio de cómo aquella ciudad se rehizo, con un nuevo trazado urbano, tras las diferentes oleadas de pueblos bárbaros que asolaron el territorio a comienzos del siglo V en el territorio que hoy llamamos Logroño.
En el informe, según publica la prensa, se dictaminó que no había motivos para conservar aquellas estructuras, dado que según ellos, la parte más significativa del yacimiento se había destruido para erigir una factoría, sin ningún seguimiento.
Cada vez que se borra una parte de la Historia, se pierde una parte de nosotros, y hemos de recordar en estos casos, las palabras de un historiador que dijo "El Patrimonio no es nuestro, solo se lo tomamos prestado a nuestros hijos"
He visitado lugares, donde los yacimientos arqueológicos han quedado integrados en las nuevas construcciones, recordando que allí, hace más de 2000 años, ya exisitía una importante ciudad, que en este caso, fue también el último puerto navegable del río Ebro y del que tampoco hemos conservado ruina alguna.
En estos momentos, de aquellas piedras no queda práctcamente nada. Esta pérdida, que por desgracia no es la primera de la que se tiene noticia en el lugar, supone la eliminación física de una parte de la Historia, de nuestra Historia, privando a generaciones futuras de poder presenciarlos in situ, valorarlos y compartirlos...





Adjunto unas fotografías de mi autoría de los restos en el año 2017 y una vista de la parcela actualmente






jueves, 7 de agosto de 2025

Chalet Calle Santa Isabel

Calle Santa Isabel,al fondo el Chalet. Fuente: Mi Logroño de Cristal

Vista del Chalet. Colección Bruno Calleja Escalona



 

Logroño no pudo construir fuera de sus murallas hasta que, en 1861, no se autorizó su derribo. Tras este, la ciudad de Logroño empezó a crecer hacia el sur, junto a la Carretera de Soria. La llegada del Ferrocarril a la actual calle Gran Vía supuso otra barrera para su expansión que tuvo que esperar a 1958 para poder saltar definitivamente.

Al sur de las vías, se construyeron fincas con chalets de estilo decimonónico. Los más conocidos son el que se ubicaba en el actual Parque Gallarza, el perteneciente a los propietarios de Zapatillas Fernández, en el Parque del Carmen o el que se ubicaba en la Finca de Santa Isabel. Esta finca era una de las más grandes de la zona. El Chalet de Santa Isabel se encontraba rodeado de grandes jardines. La importancia este chalet, entre otras cosas, viene dada porque entre sus muros se ubicó un colegio.

El Chalet tenía tres pisos de altura, colocándose en el segundo nivel un balcón. El tercer piso se realizaba a dos aguas, que sustentaban el tejado.

En 1948, el camino que da acceso al Chalet de Santa Isabel se convierte en la Calle Santa Isabel, mientras se buscaban algunos usos para el chalet y la finca.

El 13 de julio de 1956, se adquirió el edificio con todos los terrenos por los Padres Escolapios. El 2 de octubre de 1962, se inaugura el colegio que poco a poco va ampliando los espacios para crear clases que acogiesen a los alumnos de primera enseñanza (4 a 8 años). La popularidad del Colegio de Santa Isabel llegó a plantear que se convirtiese en una sucursal del Principal, aunque no se consiguió, y poco a poco el colegio fue decayendo, hasta cerrar sus puertas en 1973, tras haber contado con más de 400 alumnos.

Tras el cierre del Colegio, el Chalet es derribado para dar paso a la actual Calle Menéndez Pelayo y a las nuevas edificaciones residenciales que se construyeron en el solar del Chalet y los jardines.

Durante la estancia del Colegio en la finca, el antiguo camino de acceso se convirtió en una calle con edificios y perdió la forma de camino particular. La Calle Santa Isabel tenía como cierre el chalet, que contrastaba con los bloques de viviendas, más altos y uniformes entre sí.

En la actualidad, únicamente el nombre de la calle y su trazado nos recuerdan a lo que antaño estuvo construido.

 

martes, 29 de julio de 2025

El Castillo de Aguas Mansas, Agoncillo


El Castillo de Agoncillo en la Actualidad. BCE

Este castillo, datado posiblemente de época romana fue una de las construcciones defensivas que conformaban la defensa del río Ebro, Ibero para los Romanos. Sus orígenes hay que buscarlos en la Torre del Homenaje, la construcción más antigua del conjunto. La base de la torre presenta algunos indicios de la tipología propia del periodo romano, como sillares cuadrangulares, además de una planta también cuadrangular. Su ubicación, cercana al paso de la Calzada Romana Iter I, que unía Hispania con Roma, unido al hallazgo de una estela funeraria de tipología claramente romana, refuerza la teoría de su construcción durante los siglos de domino de Roma. Desconocemos noticias escritas de los primeros siglos de existencia de la fortaleza, por lo que únicamente hemos de basarnos en las fuentes arqueológicas. Desconocemos el papel que este punto defensivo jugó durante las oleadas de los pueblos bárbaros, que arrasaron esta zona entre los siglos III al V. Sin embargo, conocemos datos de población en esta área a lo largo de todo el tiempo. Agoncillo aparece mencionado por primera vez en el testamento de la Reina Estefanía en el 1066. En 1169 se documenta como tenente de la fortaleza de Agoncillo a García Bermúdez y en 1191 el Castillo pertenece al Reino de Castilla. Sin embargo, la primera mención escrita a la fortaleza se registrará en 1211, cuando esta es propiedad de la familia Medrano, que dejará su impronta en la entrada de la fortaleza con su escudo heráldico. Hemos de suponer pues, que, en ese momento, la fortaleza es algo más que la torre del Homenaje. En 1334 se ejecutó en el Castillo de Agoncillo a Juan Alfonso de Haro III, acusado de alta traición al rey. Esta ejecución supuso que el Señorío de Cameros cambiase de familia titular, ostentando ahora este cargo los Ramírez de Arellano. Se ha pensado que en 1340 el Capitán Medrano, señor del Castillo, realizó mejoras en la fortaleza. En 1388 Juan Rodríguez de Agoncillo, propietario del lugar dejaba en herencia el castillo a su hijo Rodrigo Alonso. En 1392, Diego López de Medrano cambiará a Rodrigo Alonso una torre en Islallana y varias casas por el Castillo de Agoncillo.

 Castillo de Agoncillo a cominzos de siglo XX. 

Ya en el siglo XIV, tras la muerte de la madre de Rodrigo Alonso, este en 1402 venderá el Señorío de Agoncillo a Diego López de Medrano, quien una vez reunidas las posesiones, en 1407 formó un mayorazgo a favor de su hijo, el cual murió sin descendencia. Ante este hecho el castillo pasó a manos de su hermana Aldonza, casada con Lope García de Porras. Será el hijo de ambos, Pedro López de Medrano quién mantenga el mayorazgo y la posesión. Es en estos años, cuando el castillo adquirió su forma y aspecto actual.

 Plaza de Agoncillo con el Castillo a la izquierda. Ayto Agoncillo.

En 1477 murió Pedro López de Medrano pasando la propiedad a su hijo Lope de Porras, aunque el traspaso de poder no fue pacífico. Durante los años en los que esta familia poseyó el castillo hizo considerables reformas en su interior y exterior, dándole el aspecto de palacio fortificado. Entre las mejoras efectuadas se encuentran los cubos y el foso que planteaban ya defensas contra nuevas formas de artillería y cuyas obras dirigidas por Juan Guitierres comenzaron en 1482, prolongándose hasta principios del siglo, cuando a la muerte del promotor el proyecto quedó inconcluso. En el siglo XVI, También en este periodo hay noticias de reformas en el castillo, reduciendo el tamaño del patio interior. A finales de siglo XVI, el Señorío de Agoncillo vuelve a cambiar de familia al morir Lope de Porras hijo de Pedro de Porras. En ese momento el mayorazgo de Agoncillo recayó en su hija Ana María de Porras, que estaba casada con el Conde de Siruela, Cristóbal de Velasco y que será propietaria del título durante gran parte del siglo XVII. Entre los años 1620 y 1622 el Señorío de Agoncillo era propiedad de Beatriz de Zúñiga, mientras que, en 1628, la propietaria será la Marquesa de Caprio, delegada por la Condesa de Siruela, que está desempeñando el cargo de Camarera Mayor de la Corte de Hungría. Los Condes de Siruela mantendrán entre 1689 y 1695 un pleito sobre la posesión del Señorío de Agoncillo, pues la última hija de estos señores procesaba como monja en un convento y falleció el mismo año en el que se emitió la sentencia entregando el Señorío a la Familia Frías Salazar. Será el primer propietario de esta saga, Lope Frías Salazar quién realice algunas obras en la fortaleza, en ocasiones muy desafortunadas. Una de ellas fue rellenar los fosos y torres, además de modificar la estructura del castillo.

 Escudo a la entrada del Castillo. BCE

Ya en 1836, el Castillo de Agoncillo es usado como torre del telégrafo, dentro de una red de comunicación trazada por los carlistas para poder comunicarse entre ellos, contando con quince estaciones y dos líneas. Agoncillo se encuentra en la primera que une Logroño, Agoncillo, Alcanadre, Lerín, Larraga, Puente La Reina y Pamplona. Este sistema telegráfico, basado en posiciones, en algunos momentos no resultó demasiado eficaz, al no poder ser usado ni de noche ni con niebla. Este telégrafo es mencionado por Pío Baroja en su libro Memorias de un hombre de acción. Años más tarde, en 1846, el Señor de Agoncillo sigue residiendo en el Castillo. En 1875, el Señor de Agoncillo se convirtió en Marqués de Agoncillo, conservando en propiedad algunos lugares, entre ellos el Castillo. También esta posesión será conservada por el Marqués en 1881. Tras la muerte del Marqués, sus propiedades son subastadas, la primera de ellas fue el Castillo con todo su mobiliario, sin embargo, nadie lo adquirió y volvió a salir a la venta un año después. Finalmente, el 16 de noviembre de 1891 el castillo fue adquirido por Manuel Reboiro y Eusebio Faces Pascual, que tomaron posesión de él el 16 de noviembre de 1892. Después de esta venta y con el paso de los años, el Castillo se convirtió en viviendas, quedando en 1967 como propietarios Carmelo Faces Ruiz y Felisa Faces Ruiz, primos carnales entre ellos, como propietarios del castillo.

 El Castillo antes de la Restauración. Ayto Agoncillo

La familia de Carmelo Faces Ruiz fueron propietarios de la parte derecha del edificio, donde sus descendientes establecieron su vivienda. Precisamente su nieta mayor nacerá entre los muros de este castillo.

sábado, 7 de junio de 2025

Edificio de Correos de Logroño

 Logroño ha quedado ligado a las innovaciones postales, pues Cosme García, un logroñés fue quien inventó el primer matasellos de la historia. Pese a este importante avance, Logroño tendrá que esperar hasta 1919 para tener un proyecto para la construcción de uno de los nuevos edificios postales que ya se estaban construyendo en toda España. El lugar elegido fue el solar que había dejado el Convento de las madres Agustinas Ermitañas, en el Callejón de San Agustín y junto al Palacio del General Espartero y la Fábrica de Tabacos. Por ello, el edificio a construir debía ser un edificio acorde a sus vecinos. El Proyecto elegido fue el que los arquitectos Cayo Redón y Rafael Valdés plantearon. Su proyecto era un edificio neobarroco, con dos torreones y diferentes ornamentos. Dicho proyecto se empezó a construir el día 17 de mayo de 1927. La obra se prolongó hasta la IIª República, bajo la dirección de Agapito del Valle y construido por Víctor Etayo. El edificio se inauguró el día 23 de mayo de 1932. El acto fue solemne, con las autoridades locales y estatales, que realizaron una visita al nuevo edificio y una comida después.

Dibujo de la antigua Oficina de Correos de Logroño, ubicada en el actual número 1 del Muro de Cervantes.
Edificio de Correos de Logroño en los año 1940. Postal

Una de las primeras marcas que se conocen ya en este edificio es el rodillo que promociona los productos riojanos con un llamativo texto: “¿No probó los productos riojanos,? ¡¡¡Lástima!!!”. Además de este rodillo, se siguieron usando los matasellos fechadores con forma circular, en los que en la parte superior se lee “Logroño” y abajo, el código postal, entonces, el 28.

Además, el edificio contó en estos años con un matasellos fechador de certificados en el que podemos leer la palabra “Certificado”, en la parte alta, la fecha en medio y abajo la palabra “Logroño”. Al igual que otras comunidades, Logroño debió de contar con un matasellos de  Valores Declarados, aunque no se conserva ninguna carta con dicha estampación. Durante la Guerra Civil, en el Edificio Postal hubo matasellos con marcas de censura militar del gobierno sublevado. Estas marcas eran alargadas, conteniendo en su interior las palabras “Censura Militar” y “Logroño” y algún lema en referencia al bando nacional. Al finalizar la guerra, algunos matasellos siguieron siendo usados y poco a poco, con el uso se fueron deteriorando. Los cambios fueron mínimos y muy concretos en algunas marcas.

 El edificio en los año 30. Postal

Con la llegada de la Democracia, el edificio de Correos cambió las marcas. La aparición de una nueva sucursal en el Pabellón Postal de la estación de tren, hizo de la oficina de San Agustín la Oficina Principal y esto se plasmó en los matasellos. El sello de fechas lo reflejó, con esta denominación en la parte alta. Otro importante cambio fue el código postal, que pasó del 28 al 26. El Certificado también añadió la denominación de “Oficina Principal”. Pero el Edificio Postal también amplió su actividad y llegó a contar con “Servicio Filatélico”, que tuvo un matasellos propio. Este nuevo matasellos tenía forma circular, con el anagrama de Correos en el centro y una fecha, rodeado de las palabras “Servicio Filatélico Logroño” En los últimos años, Correos cambió los matasellos con la denominación “Correos y Telégrafos”, con el nombre de Logroño y el código 26, siendo este usado hasta la actualidad.

Correos, en el año 2002, emitió una ATM con la imagen exterior de este edificio. Tuvo una larga tirada y se mantuvieron en circulación durante muchos años.

En el exterior, la Casa de Correos no tuvo grandes cambios durante todos los años que acogió el servicio postal. Su interior si sufrió algún cambió más, aunque algunos de los elementos más significativos se mantuvieron. Un ejemplo de ello son los azulejos de la escalera, obra de Cerámicas Riojanas, que representaban un castillo y un león sobre un fondo azul. Obra de esta misma empresa fue un azulejo de una Diligencia Postal, que estuvo colocado en la oficina postal y muy admirado en la época y del que no se conservan más datos.

 Interior del edificio de Correos. Años 1930. Museo Postal y telegráfico de Correos


Como lugares y elementos de este edificio, destaca: La oficina, el lugar más frecuentado por los ciudadanos, era el lugar donde se enviaban y recibían los Correos y Telégrafos que daban nombre a la compañía. Con el paso del tiempo, solo se realizaban Correos y los telégrafos se gestionaban desde el primer piso. Este edificio se convirtió en la oficina de Correos más céntrica de la ciudad y a donde acudían la mayoría de los ciudadanos a realizar sus gestiones postales. En la fachada de la Calle Portales, antaño (General Mola, Calle de la República y Calle del Mercado), se situaba una de las figuras más emblemáticas de la Ciudad, el león-buzón Rodolfo, un rostro de un león con gesto simpático y con la boca abierta, dispuesto a “comerse”, todas las cartas que los usuarios depositaban en él. Su nombre le fue dado por los niños en relación a la artista de televisión Maricarmen y sus muñecos y su mascota, Rodolfo. El edificio postal continúo cumpliendo su función hasta principios del siglo XXI con algunas reformas.

  Varias personas posan en el patio de operaciones del edificio. Museo Postal y telegráfico de Correos

Fue en el año 2003 cuando unas catas de cimentación, advirtieron que el edificio se encontraba en un grave riesgo y se procedió a restaurarlo. Dicha remodelación dio al traste con los azulejos de la escalera, que fueron arrancados y destruidos. Unos pocos fueron entregados al Museo de La Rioja, que los guarda en sus archivos.

La oficina postal se trasladó temporalmente al número 40 de la Calle Pérez Galdós. Dicho traslado se estimó que duraría un año, aunque con el tiempo fue definitiva. En la actualidad, esta oficina se ha vuelto a trasladar a la calle 11 de junio. Mientras tanto, el antiguo edificio postal de la Plaza de San Agustín, tras muchos trámites y adversidades, fue vendido para que se transformase en un hotel de lujo, que se ha empezado a construir en el año 2019. La reforma ha acabado aún más con el edificio. Las torres han sido derribadas sin contemplaciones, junto con sus ornamentos y adornos. La terraza y la buhardilla han corrido el mismo destino, al igual que todos los espacios interiores se han perdido víctimas del “progreso”. El proyecto del Hotel apenas conserva elementos históricos aparte del león Rodolfo. Los azulejos, la escalinata, los muebles, las mesas, el reloj... han sido borrados físicamente, pero no sentimentalmente, pues muchas personas siguen manteniendo en su memoria los elementos que hacían de aquella oficina algo único. El edificio de Correos. Biblioteca de La Rioja

Las únicas fotografías conocidas de este edificio, conservadas en el Mueso Postal y Telegráfico de Correos fueron publicadas por primera vez en el número 4 de la Revista Humanístico-Literaria Lararium.

En la actualidad, el edificio se ha reconvertido en un hotel.

(Texto de este autor publicado en 2019 en la revista Sellos y Más)

viernes, 18 de abril de 2025

Guardián del Seminario

 

La Casa del Guarda hace algunos años. BCE

La conocida como Casa del Guarda, ubicada en la actual avenida de la paz y derribada en el año 2009, la Casa del Guarda era una de las construcciones más antiguas del recinto del Seminario Conciliar.

El proyecto de traslado del Seminario Conciliar de Logroño del Espolón a las fincas de Lobete y Valderna dio como resultado una de las mejores muestras de arquitectura del siglo XX Logroñés. Dentro de este proyecto, nos encontramos con la reforma de la Casa del Guarda, una edificación de planta cuadrangular, ubicada en el muro norte de la tapia de Seminario, que ya existía anteriormente. Según Felipe Abad León, esta construcción, realizada en adobe y revestida posteriormente, adaptándose al estilo constructivo de los nuevos edificios.

Se trataba de una construcción sencilla, de planta cuadrangular, con tres pisos de altura, que, en un estilo ecléctico, combinaba ladrillo, piedra y otros materiales. Su decoración más señalable eran los cuatro pináculos, que remataban sus esquinas. El contratista encargado de la renovación de su imagen fue Ángel Macazaga, el mismo que realizó la obra del Seminario. En 1930, llega el primer guarda, Juan Azcona y otros empleados eclesiásticos.

Esta casa, se encontraba rodeada por los jardines del Seminario, creando un bonito paisaje de acceso al recinto.

La construcción cumplió con su misión durante muchas décadas, hasta que, la ciudad en expansión, llegó al entorno del Seminario. La construcción de Avenida de la paz, hizo que la Casa del Guarda se convirtiese en un obstáculo para la nueva avenida, por lo que, en el año 2003, se decide derribarla para ampliar la acera. Sin embargo, el proyecto se rehace, planteando diferentes alternativas para salvarla, sin embargo, finalmente, el 6 de agosto de 2009, la Casa del Guarda es derribada, retranqueando la tapia del Seminario y ensanchando la acera.

jueves, 17 de abril de 2025

La Iglesia de San José, Logroño

 Ubicada en el corazón del Barrio de Ballesteros, en concreto en su plaza homónima, encontramos la Iglesia de San José Obrero, que en este 2022 cumple 60 años como parroquia, pero su historia comenzó unos años antes, dentro del Plan Ballesteros y su proyecto de Viviendas Ultraeconómicas.

Tanto las barriadas de edificios como la iglesia, fueron diseñadas por el arquitecto José María Carreras, dando forma a uno de los barrios sociales más importantes de la ciudad. Sin embargo, la iglesia no fue concebida como parroquia, sino como capilla de una escuela, situada en los dos edificios anexos, dependiente del Vivero Central.

El plan Ballesteros concluyó con la entrega de llaves a los nuevos propietarios el 25 de diciembre de 1945. De estos primeros años la documentación sobre la iglesia es escasa. En 1951, dependía de la parroquia del Corazón de María.

La oficialización de la Parroquia llegará en 1962, cuando se empiecen a redactar los libros. Sin embargo, este proyecto había comenzado un año antes, con la llegada de dos importantes figuras históricas para la parroquia, los sacerdotes Longinos y Modesto Solana. Cunado ellos llegan, el edifico se encuentra en malas condiciones y deciden renovarlo, adaptándolo al nuevo uso de parroquia. El edifico contará ahora con un nuevo pórtico y perderá las ventanas laterales, pertenecientes a las aulas de la escuela. En 1963, con el barrio en pleno proceso de urbanización, se inaugurará la nueva parroquia, en un ambiente festivo. Pronto empezará a funcionar, imprimiendo en 1964 la primera hoja parroquial y creando una peña de música infantil. El 1 de mayo de 1967, se celebrará en esta iglesia las primeras fiestas del barrio, dedicados a San José Obrero. En 1971, con la parroquia y el barrio en su apogeo, llegará el tercero de los hermanos Solana, Félix. En esta década surge también la Asociación de Familias, que empieza reuniéndose en la parroquia. En 1980 se celebrará la primera acampada en Anguiano. Esta será la primera de muchas que lleguen a realizarse tanto en La Rioja como en otras comunidades. En 1979, justo un año antes se había realizado la primera excursión a Valvanera. Pero esta década tan prolífica marcará el final del antiguo templo parroquial, que había sido remodelado en tres ocasiones, empieza a quedarse pequeño. Ante esto, se empieza a estudiar la construcción de uno nuevo. Con el paso de los años, el edifico nuevo va poco a poco, caminado hacia su realización. Sus arquitectos serán Julio Sabrás. El diseño era un edificio de planta cuadrangular, con un semisótano, que alberga un salón de actos y varias aulas. Encima se sitúa la iglesia, con planta octogonal. Finalmente, en mayo de 1991, se empezará a derribar la antigua iglesia, para dar paso al actual templo parroquial. Las obras durarán dos años, inaugurándose la nueva parroquia en febrero de 1993. En 1998 llegó una de las piezas más importantes de la nueva iglesia, el retablo, datado de 1510, procedente de la iglesia de Zenzano y quizás previamente de la de Villanueva de San Prudencio. De él, solo se pudieron salvar las tablas, que en la actualidad lucen en la parroquia, junto a obras de importantes artistas como Miguel Ángel Sainz. El 23 de julio de 2002, Longinos Solana cumplió las denominadas Bodas de Oro, al frente de la Parroquia de San José. Esta efeméride fue motivo de una gran celebración, llenando el nuevo edifico. El último gran acto de los hermanos Solana fue su despedida el 27 de noviembre de 2005. En su última misa les acompañaron muchas de las personas que habían ayudado a la consolidación de la iglesia durante sus 44 años de servicio. Les sucedió Guzman Navaridas, que mantuvo la parroquia hasta su fallecimiento. Durante sus 60 aniversario, el párroco actual José Miguel Gil, planteará una exposición que recorra los 60 años de parroquia en planos, imágenes y testimonios de un lugar con mucha importancia para la ciudad.



Varias vistas de la Iglesia vieja de San José Obrero. Archivo Parroquial




Obras de construcción de la Iglesia nueva. Archivo Parroquial


Inauguración de la iglesia nueva. Archivo Parroquial








sábado, 12 de abril de 2025

Nalda y el Monasterio de San Prudencio

 La cercanía entre Nalda y el Monasterio de San Prudencio hace que sus historias presenten lazos comunes.

La documentación primaria conservada del monasterio se reduce a una recopilación de documentos del propio archivo monástico, realizada entre 1725 y 1727 por un ilustre Monje, Gaspar Coronel, que el propio escribano titula como Historia del Real Monasterio de San Prudencio. En esta obra encontramos algunas noticias que recogen lazos entre Nalda y el Monasterio:

-1049: En este año el Rey Sancho III El Mayor dona al Señor de Cameros y gran benefactor del mismo, posesiones en varios lugares, entre ellos Nalda.

-2-4-1067: En una permuta de posesiones entre San Prudencio y San Martín, recibe a cambio de diferentes lugares, el dominio sobre el monasterio de San Agustín, cerca de Nalda con sus tierras.

-13-11-1217: Dentro del corpus documental, se recoge una escritura firmada en Nalda por la cual Raimundo y Martín Bermúdez venden a Rodrigo Díaz y su esposa el lugar de Muro por 700 maravedís.

-1121: en el testamento de Mencia Ximénez, esta entrega al Monasterio de San Prudencio varias posesiones, como la Villa de Luezas, además de heredades en Nalda que dice había heredado de sus padres, habiendo allí tierras, molinos, viñas y huertos.

Parte de esta obra se encuentra publicada en el libro Documentación Medieval del Monasterio de San Prudencio de Monte Laturce (Siglos X-XV) de Francisco Javier García Turza.

Por otro lado, encontramos referencias al vínculo entre Nalda y el Monasterio de San Prudencio en el libro escrito por Bernardo Ibáñez,

En él, el autor recoge que Nalda participaba en la multitudinaria romería que se realizaba al monasterio cisterciense, documentada desde al menos el siglo XII. Bernardo Ibáñez de Echávarri, señala en su libro Vida de S. Prudencio, Obispo de Tarazona, Patrono Principal, y Hijo de la M.N. y M.L. Provincia de Álava : precedida... , publicado hacia el año 1753 que antiguamente Nalda, junto a Murillo, Clavijo, Albelda, Lardero Alberite, Soto Tregujantes, Zenzano y Villamediana subían el día 28 de abril, pero al concentrarse un elevado número de personas y la gran duración de la recepción, se decidió hacer la recepción y romería de forma escalonada por días, reservando el 28 para que Logroño cumpliese el Voto que debía a este Santo.

Esta información también aparece recogida por el autor Julián Cantera Orive en su obra San Prudencio de Armentia también cita la presencia de Nalda en la Romería de San Prudencio. Igualmente, en un libro de reciente publicación titulado Tres Veces Cielo, el Monasterio de San Prudencio de Monte Laturce, escrito por Bruno Calleja Escalona, también se recoge esta presencia.



miércoles, 2 de abril de 2025

Puente Romano de Varea

 En la actualidad, no queda nada de él, sucumbió víctima del paso del tiempo, tras haber servido durante siglos. Hablamos del puente romano, edificado entre los actuales barrios de Varea y Los Lirios. Los datos que disponemos de este puente sobre el río Iregua son muy escasos, sin embargo, en su tiempo fue uno de los puentes más importantes de Logroño.

Sabemos que los primeros habitantes de este lugar fueron los Berones, procedentes del poblado, supuestamente homónimo, de La Custodia, Viana. Fue, durante los tiempos prerromanos, un punto sin mayor relevancia, dado que las primeras fuentes históricas apenas se hacen eco de su existencia.

Fue construido para servir de unión a la calzada romana que unía Caesaraugusta (Zaragoza) y Virovesca (Briviesca), cruzando sobre el río Iregua, continuar por el margen del Ebro, llegando hasta el Puente Mantible. Por él también pasaba la calzada que unía Vareia con Numancia, atravesando la sierra riojana para adentrarse en la meseta. Se ha pensado que sobre los arcos de este puente pasó Escipión y sus tropas, dispuestas a conquistar Numancia en el año 134 a.C. También parece que estuvo en la ruta de Sertorio, disidente romano en el año 77. Con la llegada de Augusto, la calzada se pavimentó y mejoró. Este puente fue la primera construcción romana sobre el río Iregua. El puente se mantuvo en uso durante muchos siglos. Se conocen noticias en el siglo III, V y X de nuestra era. Desconocemos que avatares históricos sufrió este histórico puente. En el año 1590, ya no está en uso, pues en ese año se autoriza la construcción de Puente Madre, para dar paso al Camino Real. En el siglo XVIII, el Puente es reconstruido. Sin embargo, otros documentos, parecen hacer referencia a un paso de madera sobre las ruinas del histórico puente, siguiendo el camino de Madre de Dios. En 1840, se pensó usar las bases de piedra existentes para construir el puente de la carretera. El proyecto no se realizó y las pilas de piedra, continuaron su proceso de degradación. En 1976, las bases son redescubiertas, siendo estudiadas, para después ser arrastradas por las aguas del Iregua.

Arquitectónicamente conocemos únicamente dos pilas datadas del siglo XVIII y un fragmento de cemento romano. Por los documentos históricos, sabemos que se trataba de un puente de piedra de sillería, con una serie de arcos de medio punto, que arrancaban en la margen derecha del río, donde han quedado unos restos, muy destruidos de este puente. Los arcos tendrían una altura no superior al puente de la carretera actual y se prolongarían hasta el inicio del barrio de los Lirios, sobre la finca de la Fombera. En el río quedaban hasta hace no mucho los restos de dos bases, con unos tajamares triangulares perfectamente reconocibles, en la actualidad, destruidos por una riada del Iregua.

El Puente actual a principios de siglo (Mi Logroño de Cristal)
 
Restos del Puente antiguo. Jesús María Pascual




sábado, 22 de febrero de 2025

Maximiano Hijón, arquitecto

 

El 21 de febrero de 2025 se han cumplido 200 años del nacimiento de Maximiano Hijón Ibarra, con este motivo, el pasado día 20, en vísperas del bicentenario se publicó un libro titulado Maximiano Hijón, el arte de la Arquitectura Urbana, escrito por Bruno Calleja Escalona, en el que se recogía su vida y obra, que contó con muy buena acogida. También, esa institución, junto a la Revista Pregón, han organizado durante todo el mes de febrero una exposición que recoge la trayectoria profesional de este arquitecto.

Maximiano Hijón nació en Logroño en 1825, formándose como arquitecto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde tituló en 1846. Los primeros años de su carrera los pasó entre Logroño y Madrid, destacando muy pronto por su interés en la conservación de monumentos. En estos momentos, propondrá la creación de un museo en la Iglesia de San Bartolomé de Logroño, donde se ubicarán las piezas que se habían recuperado de los monasterios desamortizados de la provincia.


También, en 1855, será nombrado Arquitecto Municipal de Logroño, donde realizará algunas importantes obras públicas, además de construir la que será su casa, la cual se ubicaba en las traseras de la casa de su padre. Este edificio reunirá muchos de los elementos que Hijón ha conocido durante su estancia en Madrid y que aplicará en sus obras posteriores en Navarra, como las cabezas de león, las guirnaldas y medallones, además de las escaleras dobles.

Sin embargo, no será hasta el año 1858 cuando sea nombrado Director de Caminos de la Zona Sur de Navarra y un año más tarde fijará su residencia en Pamplona.

Pronto recibirá el encargo del diseño de un edificio para acoger el Instituto de Segunda Enseñanza, el cual, Hijón resolverá introduciendo una estructura metálica, algo que no se había visto antes en la ciudad y que le supuso estar presente en la Exposición de Filadelfia de 1876.

Igualmente, también se le encomendó el diseño y composición del programa iconográfico del Salón del Trono del Palacio de la Diputación, que se enmarcaba en los actos de preparación de una visita que la reina Isabel II debería haber hecho a Pamplona y que finalmente fue cancelada, en la cual Hijón era el encargado del programa iconográfico.

Escaleras del Inap, antiguo Instituto de Segunda Enseñanza. Javier Igal

Salón de Trono del Palacio de Navarra, Bruno Calleja Escalona

Para la realización del Salón del Trono, Hijón tendrá que seleccionar y contratar a los artistas, entre los que se encontraba su propio sobrino Constancio López Corona, que pintó tres retratos regios y algunas de las escenas que se colocan en esta estancia.

En 1859, Hijón es admitido como socio en el Casino Principal, ubicado en el Paseo Sarasate. Sus obras no se centraron únicamente en Pamplona, pues en 1861, firmará un proyecto para la construcción de la Venta de San Fermín, ubicada entre Cadreita y Villafranca, además de un arco que se instaló en ese año en Cortes para recibir al Rey.

El edificio de Crédito Navarro recién terminado. Nuevo Casino

El legado que Maximiano Hijón dejó no fue solo la construcción de nuevos edificios, sino que también fue uno de los precursores de la conservación de monumentos, siendo miembro de la Comisión de Monumentos Histórico Artísticos de Navarra, donde, en colaboración con importantes firmas como Juan Iturralde y Suit o Pablo Ilarregui será quien firme la revocación de la Desamortización del Monasterio de Leyre, evitando así que este fuese destruido. También trabajó en la conservación de la Ermita de Eunate y del Edificio de la Cámara de Comptos. Su nombre aparece en muchas actas de esta comisión, asistiendo a diferentes actos relacionados con monasterios desamortizados en la Comunidad.

Ruinas del Monasterio de San Prudencio de Monte Laturce. BCE


Hijón permanecerá en Pamplona al menos hasta 1867, cuando vuelve a Logroño, sin embargo, deja importantes contactos con sus colegas navarros, con los que se escribe cartas, en las que, por ejemplo, señala su afición a la numismática.

En Logroño, será nombrado Arquitecto Provincial, además de actuar como municipal cuando el cargo se encuentra vacante. También trabajará como Arquitecto de la Diócesis, realizando una importante labor de recuperación de numerosas iglesias en diferentes lugares que formaban parte de la Diócesis en esos momentos.

Planos de recuperación de la torre de la Iglesia de Munilla, obra de Hijón. Archivo Diocesano de Calahorra


Una vez en Logroño, Maximiano Hijón se casará en la iglesia de Palacio con su sobrina Estéfana López Corona. La encontraremos, junto a su hermana Rosa participando en las fiestas y veladas que Hijón ofrecía en su casa y que gozaban de un gran interés por sus conciudadanos. Tras la muerte de esta en 1882, Hijón se casará con Rosa López Corona, su hermana, siendo esta vez la Basílica de San Agustín de Roma el escenario de este enlace.

Pese a residir en Logroño, Hijón será llamado en 1884 por el Crédito Navarro para que diseñe un nuevo edificio de viviendas que se ubicará en el número 44 de la Plaza del Castillo. Como ya había hecho con el Instituto de Segunda Enseñanza, empleó una estructura metálica, realizada en Bélgica. Tras la construcción del nuevo edificio, en su primer piso se instalará la Sociedad Nuevo Casino Principal, heredera del Casino Principal y en sus bajos abrirá sus puertas el Café Iruña, también atribuido a Hijón. En la decoración del edificio, podemos ver elementos característicos de la obra de Hijón, así como otros que bien podrían haber sido tomados en su viaje a Italia.

En 1887, Hijón será el encargado de construir unas escuelas municipales para la localidad de Tafalla, las cuales se encuentran en la actualidad en la Ikastola de ese municipio.

Tras una prolífica vida, Hijón murió en Logroño el 12 de julio de 1891 en su casa de la Calle Herrerías. Su fallecimiento fue muy notado por toda la sociedad del momento.

Casa de Hijón en la Calle Herrerías de Logroño. BCE

Tumba de Hijón en el Cementerio de Logroño. BCE


Hasta el momento, no se había identificado a Hijón en ningún retrato o fotografía, sin embargo, gracias a la investigación de Bruno Calleja Escalona, se ha podido identificar un retrato, realizado posiblemente por Constancio López Corona y custodiado por el Ayuntamiento de Logroño, en el que se representa a Hijón portando en su mano el plano del Salón del Trono del Palacio de Navarra. También, Hijón ha sido identificado en un dibujo realizado en 1864 por Juan Iturralde y Suit en una excursión al Monte Aralar.


Firma de Maximiano Hijón.

Retrato de Hijón, depositado en el Ayuntamiento de Logroño




sábado, 28 de diciembre de 2024

Palacio Episcopal de Logroño

 La plaza del Mercado es para todos, un lugar espacioso, ubicado en el centro de la ciudad, pero no siempre fue así. En este popular solar se ubicaron el Palacio del Obispo, una fuente y varias viviendas.

Los orígenes de la actual plaza, se remontan al día 22 de diciembre de 1573, cuando el Ayuntamiento cree necesario crear aquí una nueva plaza. Por aquel entonces, las casas que había eran propiedad de la Iglesia. La más señera fue el Palacio del Obispo, del que conocemos las primeras noticias en el año 1224. Desconocemos la historia en los primeros años y su composición original. Por su cronología, podemos pensar en él como un edificio románico, realizado con piedra de sillería, como se describe en la documentación, con un fin residencial junto a la Iglesia de Santa María de La Redonda, por entonces, con una composición muy distinta a la actual. En 1510, el Obispo recibe unos terrenos por parte del Consistorio para ampliar el edificio. En el siglo XVI, las fuentes informan de que el edificio contaba con un jardín y con un balón voladizo en su fachada sur, denominado corredor del Sol, que queda documentado el día 21 de enero de 1572. Igualmente, el edificio contaba con agua corriente y otros beneficios. Para volver a conocer noticias de este palacio tendremos que avanzar hasta el siglo XIX. El 16 de mayo de 1818, el edificio está muy dañado por el paso de las tropas francesas, por lo que el Ayuntamiento se decide a derribarlo. Las quejas del Obispo y sus privilegios, generan roces con el Ayuntamiento, que, tras problemas por su propiedad, anula su propuesta inicial, dejando en pie el edificio. Desde 1808, inicio de la Guerra de la Independencia, el Obispo ya no vivía en el edificio pues había sido reconvertido en cuartel general del Ejército Francés. En 1833, en el contexto de la I Guerra Carlista, los restos del Palacio son usados de nuevo como cuartel, sirviendo la parte inferior como caballeriza. Tras el final del conflicto, el edificio quedó aún más ruinoso, siendo ya un peligro para los ciudadanos. La Ley de Desamortización del año 1842 afectó al edificio, que fue subastado. El Ayuntamiento en ese momento empieza a reclamar los terrenos cedidos. Las ruinas de edificio fueron reusadas como mercado, creando en él la Plaza de La Verdura.

En 1850, se pensó haber colocado en esta plaza el Consistorio de la ciudad, reconstruyendo el palacio obispal, proyecto que nunca se hará. El 17 de febrero de 1855, los restos del edificio son derribados, mientras se planta la construcción de una plaza, dedicada a San Bernabé. La nueva plaza se realiza en un periodo muy corto de tiempo, 35 días, colocando jardines y arbolado. En 1845, se empezaron a construir los portales del muro norte de la plaza.

La plaza acompañó a la historia del Palacio del Obispo, siendo un lugar dónde se realizaban intercambios comerciales francos, es decir sin impuestos. En 1521, se construye en este lugar una fuente, que tomaba el agua de los jardines del palacio. Un siglo después, conocemos que las filtraciones han afectado al edificio, por lo que se coloca la fuente en el centro de la plaza, donde permanecerá hasta el año 1845, cuando se rehace, colocando en ella una decoración triangular, con un jarrón. Posteriormente fue cambiado por un farol, que permaneció en este lugar hasta la desaparición de la fuente en el año 1889. En el lugar dejado por la fuente, se colocó un gran estanque, con un gran chorro de agua. El estanque permaneció en esta ubicación hasta 1933, cuando se sustituyó por una fuente. En 1980, la plaza es de nuevo reformada. Se reinauguró el 11 de septiembre de 1986 en un ambiente festivo. Se mantuvo el arbolado, los bancos y las farolas. De nuevo, a finales del siglo XX, la plaza fue reurbanizada, suprimiendo los jardines, fuentes y arbolado, del que únicamente pervive un árbol centenario en el centro de la plaza. Desde hace unos años, la plaza del Mercado acoge todos los domingos un mercado de coleccionismo en el que se venden e intercambian multitud de objetos. 

Grabado de la Calle Portales, a la izquierda, las torres de La Redonda y el Palacio del Obispo.           Las calles de Logroño y su historia, Jerónimo Jiménez




martes, 17 de diciembre de 2024

Dónde "El Bergerón"

 Lugar de reunión de Logroño durante décadas, la esquina del Reloj de Bergerón se convirtió en un importante punto para la ciudad de Logroño. Su ocaso lo marcó la retirada del reloj en la década de los 70.

La historia de esta manzana arranca con el derribo de las murallas y de las Escuelas Viejas en 1861, ligados también a la apertura de la calle Sagasta.

El edificio en el que se colocaba el famoso reloj de Bergerón, ubicado en la esquina entre la Calle Sagasta y Bretón de los Herreros, fue diseñado en 1877 por Francisco Luis y Tomás. El bajo fue adquirido por Lucas Bergerón, sucesor de Manuel Bergerón, primer relojero de esta saga, para instalar en él su taller de relojería, cuya especialidad era la fabricación de relojes de pared, y era también el representante en Logroño del famoso relojero Losada, autor del reloj de la Puerta del Sol. El taller de Bergerón tuvo su primera ubicación, desde 1881, en la calle del Mercado, 98. Este relojero había construido muchas piezas de relojería para diferentes lugares de la ciudad, como por ejemplo, el Instituto de Segunda Enseñanza (actual Sagasta), ubicado en el Convento del Carmen. Desde 1878 ostentó también el cargo de Relojero Municipal de la Ciudad. Durante su carrera, diseñó para su relojería ubicada ahora en la esquina de las calles Bretón de los Herreros y Sagasta un reloj de fachada con doble esfera. En 1883, pidió la autorización pertinente al Ayuntamiento para colocarlo, aunque no sabemos si finalmente lo instaló. Era un reloj de 70 centímetros con luz propia. Tenía números romanos y estaba rematado con unos vistosos pináculos y funcionaba a cuerda, con una maquinaria mecánica controlada desde dentro del local. Lucas Bergerón morirá el 6 de febrero de 1894. Entonces la relojería pasará a manos de su viuda, posteriormente a Tomás Teresa García y después a Joaquín Rodríguez y Cia, que en 1902 vuelve a pedir permiso al Ayuntamiento para colocar un reloj en la misma esquina. Según la documentación, el reloj será colocado el 21 de junio de 1902. Desconocemos si este reloj era aquel primero. No mucho después, la relojería pasará a ser propiedad de Eulogio Pastor y posteriormente de Gervasio Pastor. El avance en el crecimiento urbano, la creación de avenidas llenas de peatones, coches, bicicletas, autobuses…, llevaron a esta esquina, a convertirse en el centro de la ciudad. Por ello, el Reloj de Bergerón, junto a su vecino el Reloj de Ibercaja, marcaban el fluir de la vida urbana. Los logroñeses usaban esta referencia para sus encuentros sociales, comerciales o personales, quedando “donde el Reloj de Bergerón”. La casa se mantenía sin cambios importantes, únicamente habían mudado los rótulos de los diferentes relojeros. En la década de los 70, el edificio dónde se ubicaba el reloj de Bergerón está muy deteriorado, se declara en ruina y el Ayuntamiento pide desalojar el edificio, entonces la relojería desmonta el reloj antes de irse. Desconocemos que ocurrió después con este histórico artilugio.

La casa también fue sufriendo los achaques del tiempo, aunque resistió hasta, que en 2011, el Ayuntamiento lo volvió a declarar en ruina y se procedió a su derribo y reconstrucción, ahora convertido en un edificio de apartamentos turísticos. Se han oído voces que han pedido la restauración del reloj devolviéndole a esta esquina su esplendor perdido.




domingo, 1 de diciembre de 2024

El Palacio de los Chapiteles de Logroño

 Ubicado en el arranque de la calle Portales, el Palacio de los Chapiteles es una de las construcciones más destacadas del Casco Histórico de Logroño. Hoy en día, sede del Instituto de Estudios Riojanos y de la Dirección General de Cultura y hasta hace no muchas décadas sede del Ayuntamiento de Logroño.

Los orígenes del edificio se remontan al siglo XVI, en un contexto urbano muy diferente. El cerco amurallado recorría la actual Muro del Carmen, Rodríguez Paterna y el Muro de Cervantes. En la confluencia de las tres calles se ubicaba la Puerta de la Herventia, uno de los arcos de entrada a la ciudad. Las primeras referencias que conocemos al edificio que hoy ocupa el número 2 de la calle Portales se remontan al siglo XVI, cuando la familia Jiménez de Enciso, en concreto Pedro Jiménez de Enciso, construye esta casa, con un aspecto muy diferente al que hoy conocemos. La documentación nos describe que en el interior había habitaciones dedicadas a escritorios, capilla, entre otras. La documentación también menciona la existencia de dos pequeñas torrecillas en una de las fachadas, que fueron construidas en 1575. La fachada principal tenía una puerta en forma de arco de medio punto. En el último piso había una galería bajo los torreones. En el centro había un patio interior. La planta noble era la primera, que se decoraba con los muebles más suntuosos y ricos. Había un salón y una biblioteca con libros. En esta planta se guardaron algunas tablas de retablo que la familia tenía en la Redonda mientras esta estaba en construcción. En el primer piso había habitaciones, que estaban articuladas en torno al patio central, ubicando el Salón Principal en la fachada a la Herventia. Este modelo de construcción no es muy diferente al que se estaba realizando por la nobleza en esos momentos en todo el territorio español. La zona cambió mucho al colocarse en 1572 el Ayuntamiento en el Edificio de El Portalón. Durante el siglo XVII, la zona de nuevo sufrió un cambio al construirse una nueva manzana de casas enfrente. Igualmente, las casas colindantes también sufren cambios, que no eclipsaron el poder económico de la familia de los Jiménez de Enciso, que seguían manteniendo su residencia en este edificio. El nombre de Palacio de los Chapiteles procede de este siglo, cuando se colocan estos característicos remates sobre los dos torreones de la fachada de la calle Portales. Durante estos años, se abre al este del edificio una nueva calle, San Isidro, al desaparecer la primigenia muralla y erigirse la antigua Casa de Correos. En el vecindario del año 1771, la casa es propiedad de Bartolomé de Vidaurreta, descendiente de los Jiménez de Enciso. En 1753 se reconstruye la fachada de la Herventia. Los cambios se consolidan en el siglo XIX, en concreto tras la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. El 17 de mayo de 1862, el Ayuntamiento se hace con la casa para colocar en ella la sede del Ayuntamiento. también Sus interiores son remodelados, adaptándolos al gusto decimonónico y al uso municipal. En ese mismo año también se eliminan los viejos muros y con ellos la Puerta de la Herventia. A mediados del siglo XIX, se realizan las Alineaciones, llevadas a cabo por diferentes arquitectos, que derribaron muchas de las casas colindantes a los muros, dejando más visible la nueva casa consistorial. El siglo finalizó con la desaparición del Convento de los Carmelitas en 1895. Durante estos siglos, las dependencias interiores del edificio cambiaron sustancialmente, llegando a desaparecer el patio a mediados del XIX para colocar en él la escalera. El día 2 de junio de 1902, se eliminan los Chapiteles originales de las torrecillas. Durante todo el siglo, el edificio sufrió reformas para adecuarlo a las necesidades del Consistorio. En el año 1980, el Consistorio se va y el edificio se transforma en sede del Instituto de Estudios Riojanos tras una profunda reforma interior y exterior. En el 2010, los Chapiteles volvieron a su posición original.





viernes, 22 de noviembre de 2024

Vigilando la ciudad de Logroño

 

La torre del Telégrafo hace unos años. Jesús López

Ubicada en el punto más alto de la ciudad, situada en la actualidad junto a unas antenas de radio, el barrio logroñés de El Cortijo conserva en su término una Torre de Telégrafo Óptico, erigida en el siglo XIX.

El Telégrafo Óptico fue uno de los más importantes inventos de finales del siglo XVIII, principios del XIX. El primer mensaje por este medio se envió en 1794 por la Convención Francesa y rápidamente se extendió por Europa. En 1831, en España se construye la primera línea telegráfica óptica a modo de prueba entre Madrid y Aranjuez. En la misma década, se empezaron a construir otros tres enlaces telegráficos. El 1 de marzo de 1844, se construyó la primera línea telegráfica entre Madrid y Francia con ramales, inaugurada el 28 octubre de 1846. En 1836, Manuel Santa Cruz, un general liberal construye un nuevo ramal telegráfico que llega a Logroño, Vitoria y Pamplona para poner sitio a los Carlistas en Estella. Con el paso de los años, se añadieron nuevas líneas nacionales para conectar ciudades como Valencia, Andalucía y Barcelona, aunque muchas de ellas no se terminaron de construir. Estas líneas no eran de uso civil. Las líneas contaban con torres que emitían los mensajes, pero las líneas no podían usarse de noche ni con fenómenos meteorológicos adversos. A finales del siglo XIX, la Telegrafía Óptica desaparece, tras una decadencia de varias décadas, producida por sus limitaciones y retrasos a la hora de entregar los mensajes y otros avances como el Telégrafo Eléctrico. Entre 1855-1857 se dejan de usar las líneas ópticas, aún sin terminar de construir. En 1874, la línea del Norte se vuelve a poner en macha con el proyecto de Mathé pero pronto desaparecerá.

Una de las torres del Telégrafo Óptico es la que se ha conservado en el barrio logroñés de El Cortijo. Construida en 1836-1837, en el contexto de la I Guerra Carlista y dentro de la línea ideada por Manuel Santa Cruz, sigue el patrón de construcción con dos pisos, fortificada y situando el telégrafo en el último nivel. En ella vivían un sargento, siete militares y un telegrafista, que debía superar un examen. Su telégrafo recibía los mensajes de las cercanías: Laguardia, Viana y la Torre de la iglesia de San Bartolomé de Logroño, a dónde se orientan sus ventanas. Tras el abandono de la línea telegráfica, la torre cayó en desuso y se fue degradando hasta quedar en pie únicamente sus cuatro paredes con sus ventanas, vanos y puerta. El edificio es conocido por la gente del barrio como El Castillo.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Paseo de Los Reyes

 El paseo del Espolón es uno de los más castizos de Logroño. En sus más de 200 años de historia, ha sido testigo de innumerables acontecimientos y actos. Sus lados han ido cambiando con el paso del tiempo. Sus elementos también han ido rotando, unos con mejor fortuna que otros.

En 1734, el viejo Alcázar medieval de Madrid ardía en un incendio. En él se alojaba la corte y la casa del rey, por lo que rápidamente, se decidió que sobre su solar habría que levantar un nuevo palacio. El siglo XVIII es el siglo del Barroco, de las grandes monarquías. Felipe V, influido por sus parientes franceses e inspirado en los lujos de Versalles, ordenó a unos arquitectos italianos, Filippo Juvarra y Giaovanni Battista Sacchetti realizar los planos para la nueva sede regia, inundada por el arte Rococó. Para el nuevo edificio, el Padre Sarmiento diseñó un programa de 108 esculturas que representarían a los monarcas hispánicos desde los Visigodos, además de personajes precolombinos o emperadores romanos de origen hispano. Artistas italianos, franceses,… realizaron las esculturas que fueron colocadas en lo alto de las cornisas del edificio. Sin embargo, Carlos III ordenó retirarlas, al parecer, por el peso que suponían para el edificio. Tras esto, se decidió distribuirlas por el país.

Logroño recibió seis de estas esculturas, que fueron almacenadas en la Alhóndiga hasta que, en el año 1858, el Ayuntamiento decidió colocarlas en el Espolón. El conocido como Paseo de Los Reyes se inauguró el 23 de abril de ese mismo año. El primer emplazamiento del Paseo de Los Reyes fue el terreno que hoy ocupa la fuente y la estatua ecuestre del General Espartero. Con la llegada de éste, se pensó en trasladarlas unos metros, y ubicarlas junto al kiosco de música.

Las citadas esculturas, nos cuenta Jerónimo Jiménez que eran Pelayo, Ordoño, Leovigildo, Alfonso el Casto, Enrique I y Felipe V. Durante las primeras décadas del siglo XX, este entorno era un lugar apreciado para pasear, pues el Espolón se convirtió en el centro neurálgico de la ciudad.

La proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931 supuso el final de las estatuas, pues un grupo de radicales las destruyeron y esparcieron los restos por la plaza, terminando con unas importantes piezas artísticas que había en la ciudad. Habladurías afirman que sus restos fueron enterrados como cimientos en los solares contiguos a la antigua Plaza de Toros de La Victoria. Sin embargo, otros fragmentos acabaron en manos privadas.

Desde entonces, el Espolón ha cambiado de forma en varias ocasiones, borrando los restos que pudiesen quedar del pintoresco y artístico Paseo de Los Reyes, realizado con unas esculturas que cambiaron la manera de ver el arte en el siglo XVIII.

Los Reyes junto al Quiosco del Espolón (Colección Taquio Uzqueda)